Iglesia Palabra Pura
  • 22 septiembre, 2025
  • Rafael Lemes
  • 2

En la parte anterior de nuestra Serie vimos a Pablo en Éfeso, una ciudad estratégica en Asia Menor, donde el Evangelio se expandió de una manera extraordinaria. La Iglesia en Éfeso llegó a ser una de las más grandes y fuertes de todo el cristianismo primitivo. Su influencia se extendía a toda la provincia de Asia. Allí había líderes, ancianos, y un grupo numeroso de creyentes que necesitaban dirección y cuidado pastoral. Esta Iglesia fue tan importante que más tarde Pablo escribiría una carta especial a los Efesios, llena de riqueza doctrinal y espiritual.

Sin embargo, el Apóstol no solo tenía que velar por Éfeso. A la par, cargaba sobre sí el peso de otras Iglesias, entre ellas Corinto, que estaba llena de divisiones, inmoralidad y desórdenes. En medio de este panorama, Pablo contó con Timoteo, un joven colaborador que se convirtió en uno de los más cercanos y fieles compañeros.

Pablo conoció a Timoteo en su segundo viaje misionero, cuando llegó a Listra y Derbe (Hechos 16:1-3). La Escritura lo presenta como “hijo de una mujer judía creyente, pero de padre Griego”. Timoteo tenía buen testimonio entre los hermanos de Listra e Iconio, lo cual llamó poderosamente la atención de Pablo. Tanto fue así, que decidió llevarlo consigo en sus viajes.

Antes de partir, Pablo lo circuncidó, no por imposición de la Ley, sino como una estrategia misionera para no ser tropiezo entre los Judíos a quienes pensaban alcanzar (Hechos 16:3). Desde ese momento, Timoteo se convirtió en un compañero cercano y discípulo directo del Apóstol. Pablo mismo lo llamó “mi verdadero hijo en la fe” (1 Timoteo 1:2).

Con el tiempo, la confianza creció al punto de delegarle misiones delicadas. Uno de esos encargos fue nada menos que llevar la Carta a los Corintios. En 1 Corintios 4:17 Pablo escribe:

“Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.”

También en 1 Corintios 16:10-11, el Apóstol pidió a los Corintios que lo recibieran con respeto y sin menospreciarlo por su juventud:

“Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos”

Esta misión demuestra cuán valioso era Timoteo para Pablo: no todos podían ser enviados a una Iglesia tan problemática y dividida como la de Corinto.

Más adelante, Pablo le confiaría un reto aún mayor: encargarse de la Iglesia de Éfeso. En 1 Timoteo 1:3 le dice:

“Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina…”

Éfeso no era cualquier congregación; era un centro crucial del cristianismo primitivo, probablemente la Iglesia más grande del Asia Menor. Delegarla a Timoteo, a pesar de su juventud (1 Timoteo 4:12), muestra la enorme confianza de Pablo en él.

Hasta este punto, podemos resaltar una gran enseñanza respecto a cómo se forman líderes: paso a paso. Lo vemos con Timoteo, quien fue primero mensajero, luego representante en Iglesias conflictivas, hasta llegar a ser Pastor de una Iglesia clave. La fidelidad en lo poco lo preparó para lo mucho (Mateo 25:21).

Ahora, continuemos con la narración que nos hace Lucas en el Capítulo 20 de Hechos. Después del tumulto en Éfeso, Pablo decidió partir hacia Macedonia (Hechos 20:1). El Ministerio allí no fue sencillo; enfrentó luchas externas y temores internos (2 Corintios 7:5). Sin embargo, también recibió consuelo con la llegada de Tito, otro importante colaborador de Pablo, que posteriormente él puso como Pastor de Creta.

Tito había sido delegado para llevar la Carta que conocemos como la Carta severa de Pablo a los Corintios, y esta vez sí había tenido éxito en provocar arrepentimiento sobre los Corintios, y esto se lo comunicó Tito con detalle al Apóstol.

Fue en este tiempo que Pablo escribió la Segunda Carta a los Corintios, desde Macedonia, con un tono más emotivo y Pastoral. En ella habla de sus sufrimientos, de la reconciliación, de la colecta para los santos de Jerusalén y de la defensa de su Ministerio Apostólico. Es en esta Carta que podemos saber que existió una llamada la “Carta severa” (2 Corintios 2:4), pues lamentablemente no hay registro de esa Carta. Algunos eruditos creen que Segunda de Corintios contiene la Carta Severa en los capítulos 10 al 13 por el cambio de tono que tiene frente al resto de los capítulos, pero como se los he mostrado en la serie que he estado compartiendo sobre 2 Corintios, ese cambio tiene un sustento, y es tratar con un pequeño grupo que seguían sin ajustarse en la Iglesia de Corinto, que se creían superapóstoles y menospreciaban la autoridad legítima del Apóstol Pablo.

Hemos tenido un excelente recorrido por las narraciones de Hechos que nos hizo Lucas, y hemos podido ubicar muchas de las Cartas de Pablo en este recorrido. La próxima semana culminaré esta Serie, así que los espero.

2 comments on “Del Libro de los Hechos a las Cartas – Parte 13

  1. Muchas gracias pastor , por esta maravillosa serie , por explicárnosla de esta manera tan sencilla de entender 🙏🙏 q Dios guarde su vida al salir y al entrar 🙏💪

  2. Gracias pastor por está serie y darnos a entender versículo por versículo DIOS lo siga iluminando y fortaleciéndolo en la palabra DIOS lo bendiga 🙏

Responder a JUAN DAVID OROZCO JIMÉNEZ Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SELECIONA TU MONEDA