Vivimos en un tiempo en el que las malas noticias parecen no dar tregua. Solo hace falta en la mañana encender el teléfono, y ya hay titulares que hablan de crisis, violencia, enfermedades, escasez, conflictos políticos o situaciones económicas inciertas. Muchas personas, incluso creyentes sinceros, caminan con una carga constante en el corazón sin darse cuenta de que esa carga tiene un nombre: TEMOR. Pero no siempre es un temor evidente o escandaloso; muchas veces se manifiesta como preocupación, ansiedad, estrés o una sensación permanente de inseguridad sobre el futuro.
La Palabra de Dios no ignora esta realidad, pero tampoco la normaliza. Al contrario, nos muestra un camino distinto, un camino de estabilidad interior que no depende de las circunstancias externas.
Por eso quiero que abordemos este tema yendo directamente a la Palabra, y empecemos por los Salmos, donde encontramos una declaración poderosa que marca el tono de todo este artículo de enseñanza:
SALMOS 112:7-8 (RVR) “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo.”
Este pasaje no dice que las malas noticias no llegarán, ni nos promete una vida libre de dificultades o desafíos. Lo que sí afirma con claridad es que existe una manera de enfrentar esas malas noticias sin que el temor se apodere de nosotros. Si prestan mucha atención al pasaje, se darán cuenta que la clave no está en la noticia, sino en el estado del corazón. La Biblia dice que una persona no teme a malas noticias porque su corazón está firme, pero no firme después de escuchar la mala noticia, sino firme antes.
Aquí hay algo muy importante que entender: el corazón no se afirma en el momento de la crisis; el corazón se afirma con anticipación. Cuando una persona espera a que llegue el problema para buscar estabilidad, normalmente ya es tarde, porque el temor entra con facilidad cuando el corazón no está preparado. Por eso el Salmista no dice “cuando llegaron las malas noticias, entonces afirmó su corazón”, sino que afirma que el corazón ya estaba asegurado, ya estaba confiado en Dios.
Hoy en día, muchas personas viven reaccionando a lo que ocurre a su alrededor. Si la economía va bien, están tranquilos. Si algo se mueve, aparece la ansiedad. Si el diagnóstico médico es favorable, hay paz. Si no lo es, el temor toma control. Pero la estabilidad que Dios ofrece no funciona de esa manera. Dios no quiere que Su pueblo viva en una montaña rusa emocional, subiendo y bajando según las circunstancias del momento.
Cuando hablamos de temor, no estamos hablando simplemente de una emoción pasajera. El temor es algo mucho más profundo y serio de lo que solemos pensar. La Biblia lo describe como una fuerza que puede gobernar la manera en que una persona piensa, decide y actúa. Por eso el Apóstol Pablo fue tan claro al decir:
2 TIMOTEO 1:7 (RVR) “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
Este versículo nos revela algo fundamental: el temor no proviene de Dios. Y si Dios no es su fuente, entonces debemos preguntarnos de dónde viene y por qué logra tener tanto espacio en la vida de tantos creyentes. El Apóstol Pablo no dice que Dios nos dio un poco de temor para hacernos prudentes, ni que el temor sea una herramienta divina para mantenernos alertas. Dice claramente que Dios no nos dio un espíritu de temor. En cambio, nos dio poder, amor y dominio propio.
Eso significa que cuando el temor gobierna nuestras decisiones, estamos funcionando fuera de lo que Dios nos entregó. No estamos caminando en lo que Él nos dio, sino en algo que permitimos que entrara. Y aquí es donde muchas personas se confunden: el enemigo no puede entrar a la vida de alguien sin permiso. El enemigo necesita una puerta, es decir, él no puede dominar pensamientos, emociones o decisiones sin que primero alguien le abra una puerta. El temor es una de esas puertas.
Un corazón firme no es un corazón que nunca siente nada. Es un corazón que, aun sintiendo presión, decide confiar. Es un corazón que aprende a mirar a Dios antes de mirar las circunstancias. Es un corazón que se niega a vivir gobernado por el miedo y elige caminar en la verdad de la Palabra.
Pero recuerden, esta firmeza no se sostiene de manera automática ni momentánea; se cultiva día a día, con decisiones claras y una mirada bien puesta. En el próximo Artículo continuaremos profundizando en cómo mantener esa firmeza cuando las circunstancias se vuelven difíciles y qué sucede cuando la mirada se aparta de donde debe estar.


Siempre firmes en la palabra
Muchas gracias Pastor por enseñarnos a caminar en la convicción de que Dios siempre es bueno y está para nosotros.
Amén, muchas gracias Pastor