En la sección de testimonios de hoy, Christopher Mina Castañeda, miembro de nuestro ministerio, quien tiene diez años y se congrega en el grupo de Iglesia en Casa Jamundí (Colombia), quiere compartir con nosotros lo que Dios ha hecho en su vida:
Yo me sentía muy mal. Tenía vómito, diarrea y un dolor de cabeza muy fuerte. No quería comer nada, y eso no era normal en mí, porque a mí me gusta mucho comer y siempre quiero estar comiendo. Pero en esos días no quería nada, ni siquiera lo que más me gusta, y tenían que obligarme a comer.
Eso duró como tres días. Para mí fue algo muy grave, porque nunca me había pasado algo así: no tener ganas de comer y sentirme tan enfermo.
Entonces mi tía me dijo que leyera el libro del Pastor Rafael Lemes, que se llama “Jesucristo también vino a sanar” , porque Dios me sanaría cuando lo leyera y entendiera. Yo empecé a leerlo, y hubo una palabra que me marcó mucho: dice que Jesucristo llevó todas nuestras enfermedades para que nosotros no tengamos que llevarlas en nuestro cuerpo, en Isaías 53:4-5.
Empecé a repetir esa palabra muchas veces y a creerla. Entendí que yo no tenía que estar enfermo, porque Jesús ya había llevado esa enfermedad por mí.
Y entonces fui sanado. Se me quitó el vómito, la diarrea y el dolor de cabeza. Volví a estar bien y a comer normal. ¡Jesús me sanó totalmente!
Antes de eso, yo era un niño que siempre decía que me iba a enfermar. Decía: “me va a dar dolor de cabeza” o “siento que me va a dar fiebre”. Pero después de aprender sobre la sanidad, dejé de pensar así. Ahora, cuando siento algo raro, recuerdo lo que dice Dios y lo reprendo, porque Jesús ya se llevó todas las enfermedades.
También quiero contar otro testimonio. Hace un año llegué a Iglesia en Casa Jamundí (Colombia) y el 20 de diciembre de 2025 me bauticé en el nombre del Señor en Pereira (Colombia), cuando fuimos a la integración de Miembros. Dios ha sido muy bueno conmigo.
Este año, 2026, empecé quinto de primaria y pasó algo muy especial. Antes, mis padres no podían comprarme todos los útiles ni los uniformes completos. A veces los compraban por partes o se demoraban, y eso hacía que no pudiera tener todo al día en el colegio.
Pero este año fue diferente. Mis papás recibieron una bendición y me compraron toda la lista completa y los uniformes completos desde el inicio. Eso me hizo muy feliz. ¡Duré como tres días sin caber de la felicidad!
Y eso me hizo entender que Dios cuida a sus hijos, incluso a los más pequeños.
Ese es mi testimonio. Jesús me sanó y también cuida de mí en todo.

