Muy agradecida primeramente con Dios, y que toda la honra y la gloria sean para mi Señor amado. Mi nombre es Martha Martínez Gerardo, y soy miembro de Iglesia Palabra Pura desde hace 10 años. Quiero compartir mi testimonio porque creo que puede dar esperanza y fortalecer la fe de muchas personas que estén pasando por momentos difíciles de salud.
Todo comenzó cuando empecé a hacerme chequeos médicos de rutina. En las pruebas de esfuerzo me salió que algo no estaba bien en mi corazón. Fue un momento difícil, porque aunque quería decretar que estaba sana y confiar en Dios, surgía la duda, el “sí, no, como que no”. Pero aun así, seguía declarando que estaba sana, que Dios era mi Sanador y que nada podría afectarme.
Me hicieron la prueba de esfuerzo dos veces y ambas veces el resultado indicaba una pequeña obstrucción en una arteria. Los cardiólogos me insistieron en hacerme un cateterismo, pero yo seguía confiando en Dios y declarando que estaría bien. Finalmente, acepté hacerme el procedimiento, poniendo todo en las manos de Él.
Antes de la cirugía, fui a la Iglesia y pedí oración a mis hermanos. Ese momento de comunidad y oración me llenó de paz y gozo, confirmándome que Dios estaba obrando en mí y preparándome para lo que venía.
El día del cateterismo estaba un poco asustada, pero mientras me preparaban en la camilla, oraba y lloraba, entregando mi vida y mi corazón a Dios. Sentí una paz increíble que me llenó por completo. Cada oración, cada decreto de sanidad me daba más confianza y tranquilidad. Y cuando el procedimiento terminó, el doctor me dijo: “Tranquila, salió todo bien. Puedes irte a casa, tu corazón está totalmente sano”. ¡Gloria a Dios! Ese momento fue indescriptible.
Creo firmemente que esa sanidad solo vino de Dios. A pesar de que los exámenes mostraban un problema que requería intervención médica, Él puso Su mano poderosa y me sanó. Por eso quería compartir este testimonio: para que otros puedan ver que cuando ponemos nuestra fe y confianza en Dios, nada es imposible. Incluso en los dictámenes más difíciles, Él puede dar sanidad y paz.
Hoy doy gracias a Dios todos los días por su amor y su sanidad. Cada vez que enfrento un mal resultado o una molestia de salud, decreto sanidad y recuerdo que Él es mi Sanador, que murió en la cruz por todos nosotros y que por Sus llagas fuimos sanados. Mi corazón y mi vida están llenos de gratitud, y comparto este testimonio para que otros también puedan fortalecer su fe y confiar en que Dios todo lo puede.

