Iglesia Palabra Pura
  • 3 abril, 2026
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Pensamientos rendidos a Dios, una vida transformada

Mi nombre es Yesica Carolina García, miembro presencial de Iglesia Palabra Pura desde el año 2017, y quiero compartir la historia de cómo Dios transformó mi vida.

Crecí en un hogar lleno de responsabilidades y aprendizajes. Desde pequeña, aprendí a cuidar de otros y a asumir responsabilidades, especialmente cuando nació mi hija Jana. Desde ese momento, entendí la importancia de formar su vida con principios, enseñándole respeto, disciplina y valores desde temprana edad, reflejando lo que yo misma había tenido que aprender al enfrentar la vida con responsabilidad y valentía.

Durante mi juventud atravesé momentos difíciles, y en medio de ese proceso comencé a buscar salidas en la marihuana. Llegué a pensar que no hacía daño, que era algo inofensivo o natural, pero con el tiempo entendí que en realidad estaba abriendo espacio para que pensamientos y emociones negativas —que provenían del reino de las tinieblas— tomaran control de mi vida. Sin embargo, todo empezó a cambiar cuando tuve un verdadero acercamiento a la Palabra de Dios. Comencé a escuchar los audios de la Escuela Bíblica y las predicaciones en la Iglesia, y fue allí donde reconocí a Jesús como mi Señor y Salvador. En ese proceso comprendí algo fundamental: solo al rendir mis pensamientos a Dios y decidir obedecer Su Palabra, podía experimentar la paz y la libertad que tanto necesitaba.

Con el paso del tiempo, las responsabilidades continuaron aumentando. Jana, mi hija, iba creciendo, y yo me encontraba enfrentando situaciones cada vez más exigentes: mis padres enfermaron y tuve que hacerme cargo de ellos mientras trabajaba y sostenía todo en casa. En medio de ese escenario, también traje a una amiga embarazada y a su hija desde Venezuela para que me apoyara con Jana. Por un momento, todo parecía estar bajo control, pero de manera inesperada, el bebé de mi amiga falleció dentro de nuestra casa.

Ese acontecimiento fue profundamente doloroso y marcó un punto de quiebre para mí. En medio de la carga emocional, recaí nuevamente en el consumo de marihuana, buscando una forma de silenciar mi mente y escapar de lo que estaba sintiendo. Fue un tiempo de caos, confusión y desesperación, donde sentía que todo se estaba desmoronando a mi alrededor y me resultaba difícil sostener mi fe y reflejar a Dios en medio de una realidad tan dura.

Pero Dios no me abandonó. Participé en el reto espiritual de 30 días, al que nos motivó la Pastora Adriana Lemes, basado en Filipenses 4:8, en el que aprendí a someter mis pensamientos a todo lo bueno, verdadero y puro. Comencé a discernir cómo el diablo intentaba manipular mis emociones y mis dudas para mantenerme atrapada en hábitos destructivos. A través de la enseñanza de los Pastores y mi constante estudio de la Biblia, entendí que no podía confiar en mi fuerza, sino en Dios, quien es mi guía, mi protector y mi proveedor. Aprendí a ser obediente, a no reaccionar impulsivamente, y a buscar Su dirección antes de tomar cualquier decisión.

Con el tiempo, me independicé de mis padres, tomando total responsabilidad de Jana y de mi hogar. Esta independencia me permitió establecer límites claros, vivir en obediencia y enseñar a mi hija a ser una persona responsable e íntegra. Más de cuatro años han pasado desde mi última recaída en el consumo de marihuana, y hoy puedo decir que soy libre de la adicción a la marihuana. Dios me ha dado paz, claridad mental y fortaleza para enfrentar situaciones difíciles sin caer en desesperación.

Hoy puedo mirar hacia atrás y ver cómo, incluso en medio del dolor, la muerte de un bebé, las crisis familiares y mis propias fallas, Dios siempre ha sido fiel. He aprendido que la verdadera victoria no está en nuestras circunstancias, sino en obedecer, confiar y depender de Él. La paz sobrenatural que siento hoy, aun en medio de desafíos, es prueba de que Dios cumple Su palabra y protege a quienes confían en Él.

Mi testimonio es simple: no hay situación imposible para Dios. La obediencia, la fe y la búsqueda constante de Su voluntad transforman vidas. Hoy vivo libre, consciente de mi responsabilidad como madre, hija y sierva de Dios, y agradecida por la oportunidad de mostrarle a mi familia y a quienes me rodean que, aunque enfrentemos retos difíciles, la paz verdadera y la victoria están en Cristo Jesús.

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