Hablar de “nacer de nuevo” puede sonar extraño para muchas personas, y en realidad no es una duda nueva. En la Palabra de Dios, Nicodemo, un hombre religioso (Fariseo), preparado y respetado, también se confundió cuando Jesús le habló de esto. Él conocía las Escrituras, tenía una vida que podría considerarse por la sociedad como moralmente correcta, pero aun así necesitaba entender algo fundamental.
JUAN 3:3 (RVR) “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”
Cuando Nicodemo escuchó esto, no lograba entenderlo porque pensó en un nacimiento físico, pero Jesús hablaba de algo espiritual.
JUAN 3:6 (RVR) “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”
Jesús quería que Nicodemo comprendiera que aunque todos los seres humanos nacen físicamente, todos necesitan un nacimiento espiritual. Y este no se produce por medio del esfuerzo humano, sino de una obra sobrenatural de Dios que produce una nueva vida en el interior de una persona.
Pero aquí hay algo muy importante que se debe tener en cuenta para que se produzca ese nuevo nacimiento, este está directamente relacionado con el arrepentimiento.
HECHOS 3:19 (RVR)
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”
Ahora, el arrepentimiento no puede confundirse con solo sentir remordimiento, porque este es temporal y superficial, sino con un genuino reconocimiento de que hemos vivido a nuestra manera y decidimos volvernos a Dios. Es decir, arrepentirse es cambiar de dirección. Es como alguien que va por un camino equivocado: no basta con reconocerlo, es necesario girar. De la misma manera, el nuevo nacimiento comienza cuando una persona se vuelve a Dios de corazón.
Lo que todos debemos entender es que esto no es opcional, por eso Jesús lo dejó claro cuando le habló a Nicodemo:
JUAN 3:5 (RVR1960) “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”
Aquí es donde muchas veces surge la confusión. Algunas personas creen que han nacido de nuevo porque en algún momento repitieron una oración, pero sin un verdadero arrepentimiento ni una rendición genuina. Con el tiempo, su vida no muestra cambios, porque el nuevo nacimiento no ocurrió realmente. Ya que la Palabra nos enseña que la salvación implica algo más profundo:
ROMANOS 10:9 (RVR) “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
Aquí hay algo clave: no dice simplemente aceptar a Jesús, sino confesarlo como Señor. Lo que significa que le reconocemos como nuestra máxima autoridad. Es decir, que confesar a Jesús como nuestro Señor no es invitarlo a acompañarnos en nuestro camino, sino decidir caminar absolutamente bajo Su dirección. Cuando esto sucede, el arrepentimiento es genuino y el nuevo nacimiento se hace real.
Ese nuevo nacimiento implica dejar de vivir bajo nuestro propio criterio para comenzar a vivir bajo el Suyo. Y es en este momento que se produce una obra maravillosa de transformación interna que puede empezar a manifestarse exteriormente. Pero de esta parte les traeré una mayor explicación la próxima semana.

