Alonso Blandón, miembro presencial de nuestro Ministerio Palabra Pura Blaze, comparte hoy un testimonio que refleja la fidelidad y el poder transformador de Dios en su vida:
Vengo de una familia con muchas dificultades económicas. Crecí sin la presencia de un padre, y fue mi madre quien tuvo que luchar sola para sostener nuestro hogar. Vivimos momentos muy difíciles. Desde muy pequeño me tocó ver situaciones muy dolorosas que marcaron profundamente mi corazón. Mi mamá sufrió mucho, y yo crecí cargando heridas, vacíos y muchos temores.
Con el paso del tiempo, mi vida comenzó a tomar un rumbo equivocado. Desde los 18 años empecé a batallar fuertemente con el alcohol y otros vicios. Fueron años muy oscuros, años en los que sentía que no podía salir de ese tormento. Intentaba seguir adelante, pero cada vez me hundía más.
Hasta que una madrugada, hace aproximadamente ocho años, ocurrió algo que cambió mi vida para siempre.
Venía de una borrachera. Llegué a mi casa completamente destruido. Recuerdo que me senté en un andén a llorar y a clamarle a Dios con todo mi corazón. Le decía: “Papito Dios, ayúdame. Yo ya no quiero seguir viviendo así. En mis fuerzas no soy capaz de salir de este vicio”.
Nunca voy a olvidar ese momento. Entré a mi cuarto mientras llovía, totalmente quebrantado. Mi hijo estaba dormidito, y cuando llegué, despertó, me miró y volvió a cerrar sus ojitos. Sentí un dolor muy profundo en mi corazón.
Me acosté y vi una grabadora vieja que tenía dañada. Era una grabadora que yo mismo había destruido en uno de mis momentos de rabia. No servía para nada. Pero ese día decidí encenderla.
Cuando la prendí, comenzó a sonar extraño. Moví el dial esperando escuchar música de despecho o canciones de cantina, como siempre. Pero mientras buscaba emisoras, sentía en mi corazón una insistencia que me decía: “Sigue buscando”.
Y cuando seguí buscando, encontré una emisora cristiana donde estaban predicando la Palabra de Dios. Ese momento fue el comienzo de todo. ¡Conocí a Iglesia Palabra Pura!
Desde entonces empecé a escuchar la Palabra de Dios todos los días. Comencé a oír las enseñanzas de los Pastores Rafael y Adriana Lemes, y aunque todavía seguía luchando con las adicciones, algo dentro de mí estaba cambiando. La Palabra comenzó a entrar en mi corazón poco a poco.
Pasé mucho tiempo escuchando, aprendiendo y siendo confrontado por Dios. Hasta que finalmente tomé la decisión de asistir a Iglesia Palabra Pura en Pereira. Y desde el primer día sentí que ese era mi lugar.
Había visitado muchas Iglesias antes, pero nunca encontraba respuestas verdaderas. Sin embargo, cuando escuché predicar al Pastor Rafael y a la Pastora Adriana, entendí que allí estaba recibiendo la verdadera Palabra de Dios.
Hoy puedo decir que Dios está haciendo una obra hermosa en mi vida. Me ha ido sacando del alcohol, de los vicios y de muchas cadenas que pensé que nunca podría romper. Ya llevo aproximadamente siete años caminando con Dios, y aunque todavía sigo en proceso, no soy el mismo hombre de antes.
También quiero agradecer profundamente a Dios por mi hijo. Me ha correspondido asumir completamente su cuidado y formación. Y algo que tengo claro es que jamás lo abandonaré como mi padre me abandonó a mí. Voy a estar para él siempre.
Además, en la Iglesia he encontrado algo muy valioso: una familia espiritual. He encontrado personas que han sido de gran bendición para mi vida, personas que han estado pendientes de mí, ayudándome y apoyándome en momentos difíciles.
Yo trabajo como zapatero, arreglando zapatos, tenis y chanclas en la calle. Y aun en medio de las dificultades, puedo decir con certeza que Dios nunca me ha abandonado. Nunca me ha faltado nada.
Hoy miro hacia atrás y entiendo que Dios me buscó aun cuando yo estaba perdido. Me encontró en medio del dolor, de los vicios y del quebranto. Y poco a poco ha ido restaurando mi vida.
Por eso hoy quiero darle gracias a Dios, a los Pastores Rafael y Adriana Lemes, y a toda la familia de Palabra Pura Blaze. Porque Dios usó este Ministerio para mostrarme que sí existe esperanza, restauración y una verdadera transformación cuando Cristo entra al corazón.
Mi historia aún no termina, pero hoy puedo decir con certeza que Dios transformó mi vida y sigue obrando en mí cada día.

