La semana pasada profundizamos sobre aquella pregunta que Jesús le hizo al paralítico de Betesda: “¿Quieres ser sano?”. Y vimos cómo, aunque parecía una pregunta obvia, en realidad confrontaba algo mucho más profundo que una necesidad física: confrontaba la disposición del corazón para abandonar una antigua manera de vivir e identificarse.
Pero esta no fue la única ocasión en que Jesús hizo una pregunta de este tipo. En Marcos 10 encontramos la historia de Bartimeo, un hombre ciego que clamaba desesperadamente por misericordia mientras Jesús pasaba por el camino. Y aunque parecía evidente cuál era su necesidad, Jesús igualmente se detuvo y le preguntó:
MARCOS 10:51 (RVR) “Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga?”
Una vez más, pareciera innecesario preguntar algo así a un hombre ciego. Sin embargo, Jesús no hacía preguntas vacías. Él estaba revelando un principio espiritual importante: no todo el que tiene una necesidad está verdaderamente dispuesto al cambio que esa respuesta traerá consigo.
Porque recibir de Dios no solamente implica obtener algo nuevo; también implica abandonar antiguas formas de pensar, antiguas costumbres y, muchas veces, antiguas identidades. Hay personas que llevan tantos años bajo una condición, que terminan acomodando toda su vida alrededor de ella. Aprenden a pensar desde la limitación, a hablar desde el problema y a verse a sí mismos únicamente desde aquello que han padecido durante años.
Por eso Jesús confrontaba el corazón antes de manifestar el milagro. Porque Él sabía que muchas personas desean alivio, pero no todas están dispuestas al proceso de transformación que muchas veces acompaña ese cambio.
Y precisamente hablando de esto, recordaba algo que escuché hace años mientras estudiaba en RHEMA en USA. Allí enseñaban constantemente sobre fe y sanidad, y uno de mis maestros utilizó una expresión que nunca olvidé: él decía que debíamos convertirnos en “técnicos de sanidad”.
Y lo explicaba comparándolo con un mecánico que revisa un automóvil. Cuando un vehículo empieza a fallar, el técnico comienza revisando lo básico, identifica debilidades, descarta problemas y trabaja específicamente en las áreas que necesitan ser corregidas para que el vehículo vuelva a funcionar correctamente.
De la misma manera, espiritualmente también existen áreas que necesitan ser fortalecidas continuamente. Porque el problema no es que Dios no haya provisto la sanidad, sino que muchas veces existen debilidades en nuestra fe, en nuestra manera de pensar, en nuestra perseverancia o incluso en nuestra disposición a cambiar.
Y esto es importante entenderlo, porque hay personas que oran por sanidad, pero nunca alimentan su fe respecto a lo que Dios dice sobre ella. Desean ver un cambio, pero no tienen intencionalidad en buscar la Palabra, meditar en ella y establecer su corazón en lo que Cristo ya ganó por nosotros.
La fe no se fortalece accidentalmente. Hay áreas que deben ser edificadas intencionalmente. Así como un técnico identifica dónde está la falla para corregirla, también nosotros debemos permitir que la Palabra examine aquellas áreas débiles que necesitan ser fortalecidas.
Por eso Jesús hacía preguntas tan directas. Porque recibir de Dios no solamente involucra necesidad; también involucra intención, disposición y decisión.Y quizás una de las preguntas más importantes que cada creyente debe hacerse no es únicamente si desea ser sano, sino si está dispuesto a renovar su manera de pensar, perseverar en la Palabra y caminar diariamente conforme a aquello que Dios dice acerca de él.


Gracias mi pastor 🙏