Después de aprender a vivir por fe, surge una pregunta que tarde o temprano todos los creyentes enfrentamos: ¿Qué hacemos cuando creemos una promesa de Dios, pero el resultado todavía no llega? Es fácil confiar cuando todo parece avanzar rápidamente, pero la verdadera prueba aparece cuando pasa el tiempo y las circunstancias parecen no cambiar.
La Palabra de Dios nos muestra que la fe nunca fue diseñada para caminar sola. Por eso la escritura nos recuerda en HEBREOS 6:12 (RVR): “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”
Muchas veces pensamos que el ingrediente principal para recibir las promesas de Dios es tener más fe. Sin embargo, este versículo nos enseña que las promesas son heredadas por medio de dos fuerzas que trabajan juntas; la fe y la paciencia. La fe recibe la promesa y la paciencia permanece firme hasta verla manifestada.
Vivimos en una generación acostumbrada a la inmediatez, queremos respuestas rápidas, resultados rápidos y soluciones rápidas. Cuando algo tarda más de lo esperado, nos frustramos fácilmente. Sin embargo, el Reino de Dios no funciona según la cultura de la inmediatez. Dios trabaja muchas veces en procesos, y es precisamente en esos procesos donde nuestra confianza es fortalecida. La Biblia nos revela esta verdad en HEBREOS 10:36 (RVR): “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.”
El versículo anterior, permite observar que la paciencia no es presentada como algo opcional, sino como algo necesario. No se trata de una actitud pasiva donde simplemente nos sentamos a esperar. Bíblicamente, la paciencia es la capacidad de permanecer firmes, estables e inamovibles mientras confiamos en lo que Dios ha dicho.
Muchas veces creemos una promesa de Dios y esperamos verla cumplida de inmediato. Sin embargo, cuando el tiempo pasa y las circunstancias no cambian al ritmo que esperábamos, surge la tentación de desanimarnos, dudar o concluir que Dios no hará nada al respecto. Es precisamente en esos momentos donde la paciencia comienza a hacer su obra, porque nos enseña a seguir confiando aun cuando todavía no vemos el resultado.
Y allí encontramos una de las lecciones más importantes para nuestra vida. La paciencia se fortalece cuando conocemos a Aquel que hizo la promesa. Muchas veces nos concentramos únicamente en lo que Dios dijo, pero olvidamos considerar quién lo dijo. Sin embargo, cuanto más conocemos Su fidelidad, más fácil resulta permanecer firmes cuando el tiempo pasa y aún no tenemos una respuesta.
Quizás hoy estés orando por tu familia, por una necesidad económica, por una restauración o por una puerta que aún no se ha abierto. Tal vez llevas semanas, meses o incluso años esperando. En esos momentos puede resultar más fácil rendirse, cambiar la confesión de nuestra boca o concluir que Dios se olvidó de nuestra petición. Pero la fe verdadera no abandona la promesa porque el tiempo haya pasado. La fe permanece porque sabe que Dios sigue siendo fiel.Por lo tanto, la fuerza de nuestra fe no se demuestra únicamente en cómo comenzamos, sino en cómo permanecemos. Las personas que heredan las promesas no son necesariamente las que empezaron con más entusiasmo, sino aquellas que decidieron mantenerse firmes hasta el final. Porque cuando conocemos verdaderamente a Dios, aprendemos a descansar en esta certeza, y si Él lo prometió, Él también será fiel para cumplirlo.

