Iglesia Palabra Pura
  • 14 septiembre, 2026
  • Rafael Lemes
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Cuando los fariseos le preguntaron a Jesús si era lícito divorciarse por cualquier causa, esperaban ponerlo en una posición difícil. Sin embargo, la respuesta de Jesús no se enfocó primero en el divorcio, sino en el matrimonio. Mientras ellos discutían sobre las razones para terminar una relación, Jesús los llevó de regreso al diseño original de Dios:

MATEO 19:5 (RVR) “ y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?”

Más adelante, cuando los fariseos insistieron en preguntar por qué Moisés había permitido dar carta de divorcio, Jesús reveló la verdadera raíz del problema:

MATEO 19:8 (NTV) “Jesús contestó: —Moisés permitió el divorcio solo como una concesión ante la dureza del corazón de ustedes, pero no fue la intención original de Dios.”

El problema nunca fue simplemente el divorcio. El problema era la condición del corazón. La dureza del corazón ocurre cuando una persona deja de permitir que la Palabra de Dios gobierne sus pensamientos, decisiones y actitudes. Esta persona poco a poco comienza a justificar sus propios deseos por encima de los principios divinos. Y lo que antes le producía convicción ya no la produce. Lo que antes reconocía como incorrecto ahora le parece aceptable. Su corazón se vuelve menos sensible a la voz de Dios y más receptivo a las opiniones, emociones y razonamientos humanos.

Este proceso no sucede de un día para otro. Es gradual. El Apóstol Pablo habló de algo similar cuando describió a personas que tienen la conciencia cauterizada:

1 TIMOTEO 4:1-2 (RVR) “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia”

Una conciencia cauterizada es una conciencia que ha perdido sensibilidad. De la misma manera que una persona puede llegar a no sentir el calor sobre una piel quemada repetidamente, también una persona puede llegar a perder sensibilidad espiritual cuando ignora constantemente la dirección de Dios.

Un ejemplo sencillo es el de una persona que deja de congregarse. Al principio siente incomodidad por faltar. Después encuentra excusas “razonables”. Más adelante ya no experimenta ninguna convicción y termina considerando normal una conducta que antes sabía que no estaba alineada con los principios Bíblicos. Lo mismo puede ocurrir en cualquier área de la vida espiritual. Cuando dejamos de responder a la voz de Dios, el corazón comienza a endurecerse.

La buena noticia es que Dios sigue teniendo poder para transformar el corazón humano. En el libro del Profeta Ezequiel encontramos una de las Promesas más hermosas de las Escrituras, y hoy los invito a apropiarse de ella:

EZEQUIEL 36:26 (NTV) “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo.”

Así que podemos llegar a la conclusión de que lo que la dureza ha producido, la Gracia de Dios puede restaurarlo; lo que el orgullo ha levantado, la Palabra puede derribarlo; y lo que el tiempo ha endurecido, el Espíritu Santo puede volver a sensibilizarlo.

Por lo tanto, cada creyente debe examinar constantemente su corazón delante del Señor. Un corazón sensible a Dios siempre encontrará dirección, corrección y vida. Por eso, más que defender nuestras opiniones o justificar nuestras decisiones, debemos asegurarnos de permanecer sensibles a la voz de Dios, permitiendo que Su Palabra siga moldeándonos día tras día. Porque cuando el corazón permanece rendido al Señor, siempre habrá espacio para la transformación.

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