Muchas personas desean experimentar todo lo que Dios tiene preparado para sus vidas, pero continúan limitadas por las experiencias de su pasado. Errores, fracasos, malas decisiones, oportunidades perdidas o heridas profundas se convierten en cargas que impiden avanzar hacia el propósito de Dios.
Sin embargo, la Palabra nos muestra que Dios nunca diseñó nuestra vida para ser gobernada por el ayer, en FILIPENSES 3:13 (RVR), el apóstol Pablo expresa: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante”. Estas palabras cobran aún más valor cuando recordamos quién las escribió; Pablo tenía un pasado difícil, pues había perseguido a la iglesia y causado sufrimiento a muchos creyentes. Aun así, comprendió que si permitía que su pasado definiera su presente, jamás alcanzaría aquello para lo que Dios lo había llamado.
Algo similar ocurre en nuestras vidas, muchas veces creemos que nuestros errores nos descalifican, que nuestras fallas son demasiado grandes o que Dios ya no puede usarnos. Sin embargo, la gracia de Dios es mayor que cualquier equivocación humana, lo que ocurrió ayer puede enseñarnos, pero no debe controlarnos.
Un ejemplo interesante es el de Josué, después de la muerte de Moisés, el pueblo guardó luto durante treinta días. Sin embargo, al comenzar el libro de Josué, Dios le dice claramente: “Mi siervo Moisés ha muerto” JOSUÉ 1:2 (RVR). Aunque Josué ya lo sabía, Dios quería que entendiera una verdad importante que había llegado el momento de avanzar.
Josué no podía dirigir al pueblo mirando constantemente hacia atrás, porque Dios estaba iniciando una nueva etapa y requería que él caminara por fe hacia lo que tenía delante, del mismo modo, nosotros no podemos entrar en las nuevas temporadas que Dios prepara mientras seguimos aferrados a experiencias pasadas.
Olvidar el pasado no significa negar lo que ocurrió, significa dejar de permitir que aquello determine nuestras decisiones presentes, significa confiar en que la sangre de Jesucristo es suficiente para limpiar nuestros errores y que Su gracia es capaz de abrir un nuevo camino delante de nosotros.
Cuando dejamos atrás la culpa, el temor y la condenación, podemos obedecer a Dios con libertad. Sin embargo, la obediencia es indispensable para experimentar aquello que Él ha preparado para nosotros.
Dios tiene un futuro para cada creyente, de modo que no estamos llamados a vivir mirando los fracasos de ayer, debemos fijar nuestros ojos en Su Palabra y en Sus promesas. El pasado ya no puede ser cambiado, pero el futuro puede ser vivido de la mano de Dios.En la próxima parte veremos una verdad que fortalece esta confianza pues no solo hemos sido llamados a avanzar, sino que Dios mismo nos ha establecido, nos ha ungido y nos ha sellado en Cristo para cumplir Su propósito con seguridad y autoridad.

