Mi nombre es Gloria Deycy Muñoz, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura, y hoy quiero compartir cómo Dios me hizo libre de la religiosidad y me permitió conocer la verdadera libertad que existe en Jesucristo.
Crecí en un hogar católico siguiendo las tradiciones propias de esta religión y aunque asistía a la iglesia y conocía algunas historias bíblicas, realmente no sabía que existía un libro donde Dios revelaba Su voluntad para nosotros. Todo comenzó a cambiar cuando alguien me regaló una Biblia. Empecé a leerla por mi cuenta y quedé maravillada al descubrir el Nuevo Testamento, la vida de Jesús y todo lo que Él había hecho por la humanidad, aunque muchas cosas aún no las entendía, dentro de mí nació un profundo deseo de conocer más de Dios.
En ese tiempo mis hermanos ya asistían a una iglesia cristiana, pero mi padre rechazaba fuertemente el Evangelio y se oponía a que alguno de sus hijos participara en esas iglesias. Como mis hermanos ya estaban casados y vivían aparte, podían congregarse libremente, pero yo aún vivía con mis padres. Por esa razón buscaba cualquier oportunidad para visitar a mis hermanas y así asistir a la iglesia sin que mis padres lo supieran.
Con el tiempo fui bautizada, pero lo hice bajo una fuerte presión, pues me enseñaban que si no me bautizaba me condenaría. Poco después mi padre se encontraba molesto porque mi hermano seguía el Evangelio y aproveché para contarle que también estaba asistiendo a esa iglesia y que me había bautizado, se enfureció. Me acusó de estar haciendo cosas indebidas y llegó incluso a echarme de la casa. Aunque finalmente permanecí allí, nuestra relación se deterioró profundamente; me dejó de hablar durante mucho tiempo y constantemente recibía rechazo por causa de mi fe. A pesar de eso, seguí buscando al Señor.
Sin darme cuenta, terminé formando parte de un grupo que vivía bajo una gran cantidad de reglas humanas; no podíamos cortarnos el cabello, usar maquillaje, joyas ni tomarnos fotografías. Nos enseñaban que únicamente nosotros seríamos salvos y que todos los demás estaban equivocados, por esta razón, vivía bajo temor, condenación y constantes exigencias externas. Yo tenía un profundo deseo de conocer la Biblia, pero muchas de mis preguntas nunca encontraban respuesta porque las tradiciones humanas terminaban teniendo más peso que la misma Palabra de Dios.
Durante diez años permanecí allí, durante ese tiempo me casé y nacieron mis dos hijos. Aunque procuraba vivir correctamente, sentía un vacío constante; lloraba y oraba porque sabía que debía existir algo más. Entendía que Cristo había muerto por mí, pero vivía con el temor permanente de perder mi salvación si cometía algún error. No conocía realmente la gracia, la justificación ni la libertad que Cristo había ganado para nosotros.
Mi esposo fue fundamental para que pudiéramos salir de aquel lugar; más adelante llegamos a otra iglesia donde comenzamos a estudiar la Biblia con mayor profundidad. Recuerdo especialmente el día en que aprendimos, por medio de las Escrituras, que la salvación es una obra completa de Jesucristo y no depende de nuestros esfuerzos, aquella verdad produjo en mí una gran libertad, como si un enorme peso hubiera sido quitado de mis hombros.
Durante varios años continuamos creciendo en diferentes áreas, pero con el tiempo volví a sentirme estancada espiritualmente. Aunque había enseñanza bíblica, percibía que necesitaba una comprensión más profunda de la Palabra, lo que me llevaba a orar constantemente pidiéndole al Señor dirección porque deseaba seguir creciendo en el conocimiento de Cristo.
Tiempo después asistí a una conferencia de los Pastores Rafael y Adriana en el hotel Movich, donde tuve la oportunidad de hacerle varias preguntas a la Pastora de cosas con las que no estaba de acuerdo en la Iglesia, a lo que ella me respondió, eso no es bíblico. Entonces empecé a orarle al Señor para que me moviera a otra Iglesia. Poco después fui invitada a un discipulado en la iglesia pequeña donde el Pastor precisamente estaba estudiando con los Pastores Rafael y Adriana, allí empecé a escuchar enseñanzas que transformaron completamente mi entendimiento.
Uno de los momentos más impactantes fue comprender el verdadero significado de la vida eterna. Por primera vez entendí en JUAN 17:3 (RVR1960): “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Descubrí que la vida eterna no comienza cuando morimos, sino desde el momento en que conocemos a Cristo y aprendemos a disfrutar de todo lo que Él ganó para nosotros.
Cuando llegué a Iglesia Palabra Pura experimenté una libertad que nunca antes había conocido, comencé a entender la gracia de Dios, la justificación por medio de la fe y la obra perfecta de Jesucristo en la cruz. Comprendí que mi relación con Dios no depende de reglas humanas ni de mis propios méritos, sino de lo que Cristo hizo por mí.
Hoy puedo decir que vivo libre de la religiosidad y disfruto de una relación con Dios basada en Su amor, Su gracia y Su Palabra. Mi vida ha sido transformada de adentro hacia afuera y cada día continúo creciendo en el conocimiento de Aquel que me salvó. Solo puedo darle toda la gloria a Dios porque me permitió conocer la verdad, y la verdad me hizo verdaderamente libre.


Fortalece escuchar este tipo de testimonios, porque a mí me sucedió algo del mismo tenor, solo que yo tenía claro muchos principios de las Escrituras, que ahora escucho en Palabras Pura, pero para época eso era “herejía”. Luché solo, me cansé y estuve fuera de la iglesia muchas décadas por no encajar o porque, por mi discapacidad, yo era un pecador que estaba recibiendo el castigo de Dios. Indigno hasta de participar de la Cena del Señor. Fueron años de soledad. Por eso anhelo el apoyo de un grupo de personas, no solo online, sino por chat o videollamada (si no es posible presencial). Vivo solo y estoy solo. Busco al Señor, tengo sed de Dios y su Palabra, quiero cambiar mi vida, aún me falta mucho. No tengo contacto con cristianos.