Sanada de gastritis crónica erosiva
Mi nombre es Eliana Palacios, y quiero contar lo que Dios hizo conmigo a través de la Escuela de Sanidad.
Desde los siete años comencé a sufrir de dolores estomacales muy fuertes. Creo que todo empezó cuando mis padres se separaron. Fue un golpe muy duro para mí, y aunque era pequeña, reprimí muchas emociones. Con el tiempo, esa tristeza se manifestó en mi cuerpo, y lo hizo en forma de un dolor constante en el estómago.
Durante años viví con esa molestia. A los 15 años me hicieron mi primera endoscopia porque los dolores eran tan intensos que terminaba muchas veces en urgencias, donde solo la morfina lograba calmarme. En esa ocasión me diagnosticaron una úlcera gástrica severa. Pero, por temor o descuido, no seguí ningún tratamiento. Simplemente me acostumbré a vivir con el dolor.
Así pasaron los años. Para sentirme bien cada día, debía tomar omeprazol de alta dosis, porque el normal ya no me hacía efecto. Un día, alguien me advirtió que ese medicamento podía afectar gravemente mi visión. Aun así, el dolor era tan insoportable que no sentía que tuviera otra opción.
Hace unos 7 u 8 años llegué a Iglesia Palabra Pura. Allí comencé a entender realmente lo que significaba la Santa Cena. Aunque había estado en otras congregaciones antes, nunca comprendí su verdadero poder. Por eso, al principio no la tomaba, sentía que no era “lo suficientemente justa” para hacerlo.
Pero cuando lo entendí, empecé a tomarla con fe. Cada vez que lo hacía, le pedía a Dios: “Señor, sana mi estómago. No puedo más con este dolor”. Y aunque seguía sufriendo, no dejaba de creer.
Hace un año, decidí ir nuevamente al médico. Quería orar con mayor claridad, con un diagnóstico específico. Me hicieron otra endoscopia. El resultado fue desgarrador: gastritis crónica erosiva. Mi estómago estaba pelado, sangrando. A veces, incluso, llegaba a vomitar sangre. La doctora fue clara: “No hay nada que hacer. Hay que aprender a vivir con esto”. Me envió una gran cantidad de medicamentos para tratar de controlar la enfermedad.
Cuando escuché que se abriría la Escuela de Sanidad, no lo dudé. Me inscribí de inmediato. Asistí a las clases, y en ese tiempo Dios me reveló algo profundo: Jesús ya había pagado el precio por mi sanidad. No tenía que seguir cargando con esa enfermedad. Ese día entendí que ninguna dolencia tenía autoridad sobre mí.
En la última clase, cuando se ministró al final, me quedé en mi lugar. No pasé al altar, pero me dispuse con todo mi corazón. Tomé la Santa Cena con una fe que nunca había tenido antes. En ese momento, sentí un calor recorrer todo mi cuerpo. Era el Espíritu Santo obrando dentro de mí. Y en ese instante supe que había sido sana.
Desde ese día, no he vuelto a tomar ni una sola pastilla. Comencé a comer alimentos que antes no soportaba, como el pimentón, sin sentir ningún malestar. Mi estómago fue restaurado. Estoy convencida de que Dios no solo lo sanó… me dio uno nuevo.
También recibí revelación a través de una enseñanza que nunca había comprendido del todo: la historia de las serpientes que mordían a los Israelitas en el desierto, y cómo al mirar la serpiente de bronce sobre la cruz eran sanados. Ese día entendí que Jesús no solo fue sacrificado para el perdón de nuestros pecados, sino también para nuestra sanidad, y solo necesitamos enfocarnos en Él.
Doy toda la gloria y honra al Señor, porque lo que los médicos dijeron que era incurable, Él lo sanó por completo. Estoy profundamente agradecida con Dios, con la Iglesia, y con quienes han servido para que esta Palabra llegue con claridad y poder.


Q grande y maravilloso es el poder del espíritu santo 🙏🙏🙏🔥🔥
Gloria a Dios todopoderoso, al espíritu santo Amén Amén Amén
Bendito sea el nombre de nuestro señor Jesucristo, toda la gloria para él.
Que testimonio tan poderoso, Dios siga bendiciendo grandemente tu vida, gracias por compartirlo.