Iglesia Palabra Pura

No todos los conflictos comienzan con una crisis visible. Muchos empiezan mucho antes, en decisiones pequeñas, casi imperceptibles, donde se abrió una puerta sin discernir quién estaba entrando. En la vida espiritual, el problema no siempre es lo que enfrentamos, sino a quién le dimos acceso.

La Escritura nos muestra que no todo lo que parece inofensivo lo es, y que no toda asociación es neutral. Debemos saber que hay un principio espiritual: toda conexión genera influencia, y toda influencia, tarde o temprano, produce fruto, tanto bueno como malo. Por eso, muchas consecuencias negativas que hoy viven muchas personas no nacieron de un gran error repentino, sino de permisos pequeños dados sin evaluar el peso espiritual que tenían.

Es por eso por lo que debemos escoger muy bien a quienes le permitimos tener una relación cercana con nosotros, pues dependiendo de su cercanía, esas personas empezarán a tener cierto acceso a lo que pensamos, a cómo razonamos y a cómo tomamos decisiones.

Este principio lo podemos ver con claridad en la vida del rey Josafat, uno de los reyes de Judá. La historia de su reinado se encuentra principalmente en 2 Crónicas capítulos 17 al 21, donde se nos presenta como un rey que buscó a Dios, caminó en obediencia y vivió largos períodos de paz. Sin embargo, también se nos muestra que algunas de sus decisiones, especialmente en cuanto a asociaciones (relaciones), trajeron consecuencias profundas.

El rey Josafat no se apartó de Dios de manera abierta, pero sí permitió uniones que nunca le fueron ordenadas por Él. No todas las batallas en las que entró fueron instrucciones divinas; algunas nacieron de su propio deseo de ayudar, de asegurar beneficios o de mantener alianzas políticas. Y aunque parecían decisiones razonables, esas asociaciones, esas relaciones, abrieron puertas que no debieron abrirse.

El problema no fue que Josafat buscara a Dios; el problema fue con quién se unió mientras decía buscar a Dios. Veamos por ejemplo lo que nos dice la Palabra de una de esas asociaciones:

2 CRÓNICAS 20:36 (LBLA) “Y se alió con él para hacer naves…”

La palabra utilizada allí en “alió”, no describe una relación superficial ni momentánea. Habla de una unión estrecha, profunda, como algo que queda adherido y difícil de separar. No es una colaboración pasajera; es una conexión que crea influencia mutua. Por eso, cuando esa asociación fue incorrecta, el resultado fue pérdida, frustración y la destrucción de todo lo que se había construido.

Este principio nos ayuda a entender por qué algunas decisiones aparentemente pequeñas terminan produciendo consecuencias grandes. No todo acceso se manifiesta de inmediato. Muchas veces el efecto aparece con el tiempo, cuando la influencia ya ha echado raíces.

Las decisiones de Josafat no solo lo afectaron a él. Afectaron a su casa y a las generaciones que vinieron después. Algunas consecuencias se hicieron visibles en el reinado de su hijo, donde el temor, la violencia y el desorden comenzaron a manifestarse con fuerza. Lo que parecía una estrategia terminó siendo una puerta abierta al miedo y a la pérdida del rumbo espiritual.

Ahora, este patrón no pertenece solo a los tiempos que narra la Biblia. Hoy lo vemos de otras maneras. Personas dominadas por el miedo, la confusión o la ansiedad muchas veces no llegaron allí por un solo evento traumático, sino por una acumulación de voces, relaciones y contenidos que nunca debieron tener acceso a su vida interior.

Este no es un tema menor, es de tanto peso que el mismo Apóstol Pablo se encargó de advertirle al respecto a su hijo en la fe Timoteo, por ende, también a nosotros que leemos sus Cartas:

2 TIMOTEO 2:16-17 (RVR)  “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena…”

Tengamos en cuenta que este llamado a evitar no era una recomendación, era una alerta intencional a no estar cerca de palabras que infectan, de ideas sin fundamento y discursos que parecen inofensivos, pero que poco a poco pueden influenciar para mal nuestro nivel de fe y desviar nuestro corazón de la verdad. El peligro de estas voces es que no destruyen de inmediato; avanzan lentamente, hasta que el daño ya está hecho.

Pero también podemos ver esta advertencia del Apóstol en la Primera Carta a los Corintios:

1 CORINTIOS 15:33 (RVR) “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.”

Esa palabra “conversaciones” no se limitaba al diálogo verbal. En su significado original incluye relaciones, asociaciones y exposición constante. Abarca lo que se oye, pero también lo que se ve y lo que se consume. Porque lo que se pone repetidamente delante de los ojos y de la mente termina moldeando el corazón.

Por lo tanto, no crean que es casualidad que muchas personas vivan llenas de temor después de exponerse sin filtro a ciertos ambientes o contenidos. Es decir, no se puede alimentar el interior con confusión y esperar cosechar paz.

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