Mi nombre es Bertha Solís y, junto a mi familia, somos parte del Ministerio desde Guatemala. Hoy quiero compartir mi testimonio, porque estoy convencida de que lo que Dios hizo en mi vida también lo puede hacer en la vida de cualquiera que decida creerle.
Todo comenzó cuando conocimos el Ministerio a través del programa que transmiten en el canal Enlace TV. Veíamos las transmisiones en distintos horarios, pero en ese momento no imaginábamos hasta dónde Dios iba a llevarnos. Más adelante, mientras navegaba en YouTube, apareció un podcast de los Pastores Rafael y Adriana Lemes titulado “El que busca, encuentra”.
Ese mensaje fue impactante. Escuchar que una persona que verdaderamente busca a Dios no se queda sin respuesta produjo algo profundo en mí. A partir de ahí comencé a escuchar más enseñanzas, entre ellas una que hablaba de “pararse en la Palabra”. Fue entonces cuando entendí que no se trata solo de oír, sino de vivir lo que Dios dice.
Con el tiempo, Dios puso en nuestro corazón Sembrar en el Ministerio, y eso nos llevó a acercarnos más. Fue una bendición descubrir que también podíamos ser parte como Miembros Online, algo que no habíamos considerado antes, pero que confirmó que Dios estaba guiando cada paso.
En medio de ese proceso, se presentó un proyecto importante en mi trabajo: una certificación de inspección de infraestructura para un Centro Educativo. Lo inicié con disposición, pero llegó un momento en el que me sentí completamente incapaz. Los pensamientos comenzaron a jugar en mi contra: dudas, inseguridad y temor empezaron a llenar mi mente. Aunque por fuera seguía avanzando, por dentro sentía que no iba a poder lograrlo.
Fue entonces cuando decidí enfocarme intencionalmente en la Palabra. Empecé a escuchar las enseñanzas de la Escuela Bíblica, abriendo mi Biblia, subrayando versículos y escribiendo lo que iba aprendiendo. No era solo escuchar, era alinear mi mente con lo que Dios dice.
Hubo una enseñanza en particular que marcó un antes y un después. En ella, el Pastor compartía su testimonio sobre cómo decidió continuar con sus estudios para ser piloto, aun cuando el tiempo y las responsabilidades parecían estar en contra. Lo que más impactó fue la respuesta de la Pastora, quien lo llevó directamente a la Palabra de Dios.
El versículo que compartieron quedó grabado en mi corazón:
SALMOS 119:99 (RVR) “Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.”
A partir de ese momento, comencé a declarar esas verdades sobre mi vida: que tengo la mente de Cristo, que Dios me da sabiduría, que puedo aprender, entender y avanzar. Empecé a escuchar esa enseñanza repetidamente, incluso mientras trabajaba en el proyecto.
Poco a poco, algo empezó a cambiar. Los pensamientos negativos fueron reemplazados por la verdad de la Palabra. Donde antes había duda, comenzó a haber claridad. Donde había temor, comenzó a haber confianza.
Dios empezó a darme ideas, estrategias y creatividad. Lo que antes parecía difícil comenzó a fluir. Y finalmente, logré terminar el proyecto, incluso antes del tiempo establecido. Para la Gloria de Dios, ¡todo fue aprobado sin correcciones!
Ese proceso me dejó una verdad muy clara: cuando una persona decide creerle a Dios y pararse en Su Palabra, Él responde.
No se trata de que las circunstancias cambien primero, sino de permitir que la Palabra transforme la manera de pensar. A partir de ahí, Dios comienza a obrar de maneras que uno no podría lograr por sus propias fuerzas.
Hoy puedo decir con certeza que no fue mi capacidad, sino la obra de Dios en mi vida a través de Su Palabra. Y así como Él lo hizo conmigo, también lo puede hacer con cualquiera que decida creerle.

