Iglesia Palabra Pura
  • 26 marzo, 2026
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Sanada de cáncer de tiroides

Dios transformó un diagnóstico de cáncer en un testimonio de sanidad en mi vida.

Mi nombre es Ana María Galeano, miembro presencial de Iglesia Palabra Pura, y quiero compartir con ustedes este testimonio:

En el año 2023 fui diagnosticada con cáncer de tiroides. Para mí fue algo completamente inesperado, porque nunca había tenido problemas relacionados con esta glándula. Todo comenzó cuando noté un pequeño bulto en mi cuello que me generaba molestia. Decidí consultar, me realizaron una ecografía y posteriormente una biopsia. El resultado fue claro: carcinoma papilar.

Cuando hablé con el cirujano, me explicó que el cáncer parecía estar localizado solo en una parte de la tiroides, por lo que el plan inicial era retirar únicamente la mitad de la glándula. Eso me dio tranquilidad en ese momento. Sin embargo, el día de la cirugía todo cambió. Lo que parecía algo pequeño resultó ser mucho más complejo: el cáncer se había extendido por toda la tiroides, y tuvieron que retirarla completamente.

Durante el procedimiento hubo complicaciones. El cáncer estaba adherido a la tráquea, y al retirarlo se produjo una afectación que hizo que mi recuperación fuera muy difícil. Salí de la cirugía con una inflamación severa y con una sensación constante de ahogo. Fue un proceso duro, tanto física como emocionalmente.

Pero hubo una noche que marcó un antes y un después en mi vida. Dos días después de la cirugía, me encontraba sola en la habitación del hospital. Me senté en una silla junto a la ventana y, en medio de la madrugada, comencé a orar. Empecé a hablar con Dios con todo mi corazón. Le dije que confiaba en Él, que creía en Su Palabra y en lo que Jesucristo ya había hecho por mí en la cruz. Declaré que recibía mi sanidad, que por las llagas Jesucristo yo ya había sido sana. No solo oré, sino que también comencé a hablarle a mi cuerpo, ordenando que toda enfermedad saliera y que comenzara a alinearse con la voluntad de Dios. Esa madrugada algo cambió.

Esa misma mañana empecé a notar cómo la inflamación disminuía. La sensación de ahogo comenzó a desaparecer y mi recuperación fue sorprendentemente rápida. Los médicos esperaban que permaneciera más tiempo hospitalizada, pero en pocos días me dieron de alta.

A partir de ese momento continué en controles médicos cada seis meses, y en cada uno de ellos los resultados eran positivos.

Durante el proceso de recuperación también viví un tiempo muy especial. Después de la cirugía, tuve que someterme a una yodoterapia, lo que implicó estar completamente aislada durante una semana. Al principio pensé que sería un tiempo difícil, pero terminó siendo una bendición.

En ese espacio a solas con Dios, comencé a buscarlo de una manera más profunda. Oraba, leía la Palabra, escuchaba las enseñanzas y meditaciones de sanidad que provee la Iglesia, que fortalecieron mi fe. Tomé cada Promesa como propia y comencé a poner en práctica todo lo que estaba aprendiendo. Entendí lo que Cristo ya había ganado por mí en la cruz y decidí caminar en esa verdad.

Mi cuerpo respondía bien, no hubo metástasis y todo comenzó a estabilizarse de manera sobrenatural. En mi último control, en febrero de 2026, el especialista confirmó que mi organismo estaba completamente regulado. Yo sabía en mi corazón que no era casualidad: era la mano de Dios obrando en mi vida.

Hoy puedo decir con certeza que soy sana en el nombre de Jesús. Y algo que sigo haciendo hasta el día de hoy es mantenerme firme. Si en algún momento aparece algún síntoma o molestia, no cedo al temor. Declaro la Palabra, afirmo mi sanidad y me mantengo creyendo. Aprendí a persistir, a no soltar la Promesa, a mantenerme firme hasta ver lo que Dios ya ha dicho.

También reconozco que este proceso no solo trajo sanidad a mi cuerpo, sino transformación a mi vida espiritual. Aunque llevo más de veinte años de haber conocido a Cristo, fue en los últimos años, a través de la enseñanza de la Palabra que he recibido en Iglesia Palabra Pura, que realmente entendí lo que Él hizo por mí. Llevo ocho años siendo parte de la Iglesia, y ha sido un tiempo de crecimiento, revelación y transformación para mí y para mi familia.

Hoy miro hacia atrás y puedo ver la fidelidad de Dios en cada etapa. Este testimonio no es solo una historia de enfermedad y recuperación, es la evidencia de que Dios sigue sanando, restaurando y cumpliendo Su Palabra.

Si algo puedo decirles hoy es esto: Dios sigue siendo el mismo, y lo que hizo en mi vida, también lo puede hacer en la vida de cualquiera que decida creerle.

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