Moisés tuvo delante de sí una decisión que pudo haber cambiado completamente el rumbo de su vida. Había crecido en el palacio del faraón, rodeado de privilegios, poder y comodidades que la mayoría de las personas nunca llegarían a experimentar. Humanamente hablando, lo más lógico habría sido permanecer allí y disfrutar de todo lo que tenía a su alcance. Sin embargo, la Palabra nos revela que Moisés tomó una decisión muy diferente:
HEBREOS 11:24–26 (RVR) “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.”
Lo que hizo Moisés solo se entiende cuando observamos una frase clave del pasaje: tenía puesta la mirada en el galardón. En otras palabras, Moisés no estaba tomando su decisión mirando únicamente lo que tenía delante en ese momento. Su mirada iba más allá del presente. Entendía que lo que Dios tenía preparado era más valioso que cualquier privilegio temporal.
Esto nos enseña algo muy importante sobre la vida cristiana: las decisiones correctas solo pueden tomarse cuando mantenemos el enfoque correcto.
Cuando una persona pierde el enfoque espiritual, comienza a tomar decisiones pensando únicamente en lo inmediato: lo que parece más cómodo, lo que trae beneficio rápido o lo que evita problemas en el momento. Pero cuando alguien mantiene su mirada en Dios, aprende a mirar más allá del presente y a considerar lo que realmente tiene valor delante del Señor.
Por eso la Palabra constantemente nos recuerda que nuestra vida no debe evaluarse solamente por lo que ocurre en el presente. El Apóstol Pablo lo explicó de una manera muy clara:
2 CORINTIOS 4:18 (RVR) “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Este versículo nos ayuda a entender mejor la decisión de Moisés. Él no estaba ignorando la realidad que tenía delante; sabía perfectamente lo que estaba dejando atrás. Pero también entendía algo más profundo: lo que se ve es temporal, mientras que lo que Dios promete es eterno.
Moisés pudo renunciar a los privilegios de Egipto porque no estaba viviendo solo para el momento presente. Tenía claro que lo que Dios tenía preparado era más valioso que cualquier comodidad temporal. Y esa misma perspectiva es la que cada creyente necesita desarrollar hoy. Cuando mantenemos nuestra mirada en lo eterno, nuestras decisiones comienzan a alinearse con el propósito de Dios, y nuestra vida refleja con mayor claridad la fe que decimos tener.

