Iglesia Palabra Pura
  • 17 abril, 2026
  • Iglesia Palabra Pura
  • 0

De la lesión a ver la victoria por Gracia de Dios

Mi nombre es Víctor Quiroz. Hace diez años sufrí una grave lesión en la pierna derecha: ruptura de los dos meniscos y del ligamento cruzado anterior. Todo comenzó cuando jugando fútbol —una de mis pasiones— tuve un mal movimiento que terminó en esa lesión. Cuando recibí el diagnóstico, sentí temor. Sabía que una cirugía de rodilla no era algo sencillo y dudaba si realmente iba a quedar bien, así que durante un tiempo me resistí a operarme.

Sin embargo, con el paso de los días, mi pierna empezó a debilitarse cada vez más. Perdí fuerza, masa muscular, y la rodilla incluso se me iba hacia atrás al estar de pie. Eso me hizo entender que necesitaba la cirugía. Finalmente me operaron en el año 2018, pero el panorama después de eso no era alentador. Sentía que no iba a volver a jugar fútbol y, poco a poco, me fui alejando completamente de toda actividad física.

Pasó el tiempo, hice terapias, pero aun así mi condición no mejoraba como esperaba. Intenté volver a ejercitarme, pero era muy difícil. Cada vez que trotaba o hacía algún esfuerzo, el dolor era fuerte, la rodilla no respondía y terminaba agotado y frustrado. Llegó un punto en el que preferí no hacer nada.

Aunque ya había escuchado las enseñanzas de Iglesia Palabra Pura acerca de la sanidad, siendo honesto, no las estaba aplicando para mi sanidad en la rodilla. Hasta que un día algo cambió. Decidí empezar de nuevo, recordando lo que había aprendido y comencé a ponerlo en práctica.

Empecé a declarar la Palabra con autoridad. Le hablaba a mi rodilla, a mi pierna, a mi cuerpo. Aunque el dolor seguía presente al inicio, no me detuve. Persistí en mi sanidad.

Hace un par de meses surgió la oportunidad de volver a jugar fútbol con el equipo de la Iglesia. Y aunque hacía aproximadamente diez años no jugaba, acepté entrar a la convocatoria.

Los primeros partidos fueron muy duros. Llegaba a casa con un dolor tan fuerte que incluso quería llorar. Apenas podía caminar. Pero en medio de eso, sentía una fuerte convicción que me llevó a decidir que ya no iba a enfocarme en el dolor, sino en la sanidad. Cada vez que entraba a la cancha, hacía declaraciones específicas. Le decía a Dios: “voy por cinco minutos”, luego “voy por veinte”, después “voy por el primer tiempo”, hasta que empecé a declarar que iba a jugar partidos completos, sin dolor.

Así, paso a paso, fui creyendo y hablando conforme a la Palabra. Cada partido era una oportunidad para afirmar mi sanidad. No me rendí, aunque al principio no veía cambios inmediatos.

Hoy puedo decir que todo ha sido un proceso, pero lleno de resultados. Actualmente juego y, al terminar, ya no experimento el dolor que tenía antes. Lo único que siento es una fatiga normal, pero mi rodilla está completamente estable. Puedo doblarla, estirarla, descansar sin molestias. Algo que antes era imposible.

Además, he aprendido a mantenerme firme. Cada vez que voy a jugar, me declaro sano. Cuando participo de la Santa Cena, también afirmo mi sanidad. He entendido que no se trata solo de escuchar la Palabra, sino de aplicarla y permanecer en ella.

Hoy, para la Gloria de Dios, puedo decir que soy libre de ese dolor en la rodilla. Él me sostuvo, me restauró y me fortaleció.

¡Dios es fiel! Si Él lo hizo conmigo, también puede hacerlo contigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SELECIONA TU MONEDA