Iglesia Palabra Pura
  • 24 abril, 2026
  • Iglesia Palabra Pura
  • 0

Quedé huérfana, pero Dios me adoptó como Su hija

SALMOS 27:10 (RVR) “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.”

Soy Leidy Zamora, miembro de Iglesia Palabra Pura desde hace casi nueve años. Hoy quiero compartir un poco de mi testimonio de vida, para exaltar lo maravilloso que ha sido Dios conmigo.

Quedé huérfana a la edad de seis años. Mi madre falleció a causa de una enfermedad que los médicos nunca lograron diagnosticar. Fue un proceso muy doloroso. A pesar de mi corta edad, recuerdo cómo su cuerpo se deterioraba poco a poco, hasta quedar en una condición muy difícil, sin poder hablar, ver ni alimentarse.

Mi padre, un hombre con problemas de alcoholismo, no pudo asumir el cuidado que necesitábamos. Antes de fallecer, mi madre buscó quién pudiera hacerse cargo de nosotros: tres niños de tan solo cuatro, seis y diez años.

Recuerdo claramente el día en que íbamos a visitarla al hospital en la ciudad —ya que vivíamos en un pueblo— y, a medianoche, recibimos la noticia de su fallecimiento. Era un 31 de diciembre. Mientras muchos celebraban, nuestra vida cambió para siempre.

Con el tiempo entendí que Dios, en Su amor, no permitió que nos quedáramos con la última imagen de nuestra madre en esas condiciones. Aun en medio del dolor, Él tuvo cuidado de nosotros.

Un tío, hermano de mi madre, nos recibió en su casa. Sin embargo, lo que parecía una ayuda se convirtió en cuatro años de dolor. Vivimos maltrato físico, humillaciones y constantes amenazas. No tuvimos una infancia normal; crecimos con miedo, sintiéndonos menospreciados y sin amor.

Hubo un momento en el que el dolor fue tan grande que pensé que la única salida era dejar de existir. Empecé a tener pensamientos que no estaban bien, pero en ese momento era la única forma que veía para escapar de tanto sufrimiento. Éramos tres niños intentando huir de una realidad que no entendíamos, preguntándonos: “¿Qué hacemos? ¿Para dónde vamos?”.

Pero Dios siempre estuvo ahí, cuidándonos y poniendo personas para ayudarnos. Nuestros profesores comenzaron a notar señales de maltrato y reunieron evidencias. Gracias a su intervención, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar actuó para protegernos. Fue así como llegamos a un hogar sustituto: una familia que, con amor, nos recibió y nos brindó cuidado y protección.

Allí vivimos durante nueve años. Fue un tiempo de restauración. Terminé mi escuela y mi bachillerato, y Dios sanó muchas heridas emocionales. Yo era una niña muy introvertida; no hablaba, solo respondía cuando me preguntaban, pero poco a poco fui aprendiendo a desenvolverme. Mi madre sustituta es cristiana, y gracias a ella empecé a asistir a una Iglesia en el pueblo. Fue allí donde conocí a Jesús y lo recibí como mi Señor y Salvador. Ese encuentro marcó un antes y un después en mi vida.

Con el tiempo entendí que debía prepararme para nuevos retos. Sabía que viajaría a la ciudad para estudiar en la universidad, y necesitaba vencer mi timidez. Empecé a participar en actividades como actuación y otras dinámicas que me ayudaron a fortalecer mi carácter y confianza.

Durante esos años vi la mano de Dios obrar de muchas maneras. Uno de mis sueños era conocer el mar, y Dios lo hizo posible. A través de esfuerzos, ventas y la ayuda de mis profesores, pude cumplir ese anhelo. Fue una muestra más de que Dios cuida hasta los detalles más pequeños de nuestro corazón.

Al terminar el colegio, surgió otro desafío: continuar con la universidad. En ese momento, el apoyo educativo era solo hasta los 18 años, y yo ya tenía 19. Sin embargo, gracias a mi buen desempeño académico y, sobre todo, a la Gracia y el Favor de Dios, recibí la oportunidad de continuar mis estudios.

Fui trasladada a la ciudad de Pereira. Allí viví en una casa hogar, donde varios jóvenes conviven bajo el cuidado de tutores como parte de un proceso hacia la independencia. Fue un cambio muy fuerte: dejar el lugar donde me sentía en familia, adaptarme a una nueva ciudad, a un nuevo clima, nuevas costumbres y una nueva etapa de vida. Recuerdo especialmente ese diciembre. Mientras muchos celebraban, yo estaba en un lugar nuevo, sintiéndome sola. Fue un proceso difícil, pero necesario para mi crecimiento.

Al llegar a la ciudad, comencé a buscar una Iglesia donde congregarme. Le pedí dirección a Dios, porque anhelaba servirle de todo corazón. Un día, un compañero de la universidad me invitó a su Iglesia. Fui, y desde ese momento supe que ese era mi lugar: Iglesia Palabra Pura.

En Iglesia Palabra Pura comencé a servir, hice mi práctica universitaria y hoy continúo laborando allí. He visto cómo Dios ha guiado cada paso de mi vida. He crecido no solo profesionalmente, sino también personalmente y espiritualmente.

Para mí es un privilegio ser parte de este maravilloso Ministerio. He conocido personas maravillosas que me han ayudado en todo mi proceso de vida. No saben lo agradecida que estoy con mi Padre Celestial, porque aunque mi padre terrenal me abandonó, Él me rescató y me sigue guiando, cuidando, amando y protegiendo.

Hace cuatro años me independicé. Pensé que sería un proceso difícil, pero Dios ha estado en cada paso, sosteniéndome, proveyendo y mostrándome su fidelidad.

Hoy puedo decir con certeza que conozco a Dios como: mi Pastor (Jehová Rohi), mi Victoria (Jehová Nissi), mi Sanador (Jehová Rapha), mi Proveedor (Jehová Jireh), mi Señor (Adonai), mi Creador (Elohim), el Todopoderoso (Shaddai) y mi Paz (Shalom).

Si te preguntas qué pasó con mis hermanos: mi hermano asiste a la Iglesia con su familia, y mi hermana vive en Estados Unidos con su familia. Siempre les he hablado del Dios vivo que tenemos, y ellos han visto Su fidelidad.

Si hoy te sientes solo, herido o sin esperanza, recuerda esto:

“Porque yo sé los planes que tengo para ti, dice Jehová, planes de bienestar y no de mal, para darte un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11).

Mi testimonio no termina aquí. Sé que Dios sigue obrando en mi vida y que tiene un gran propósito para mí. Así que hoy te digo: cree y confía en Dios, y permite que se manifiesten en tu vida los planes de bienestar que Él escribió para tu historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SELECIONA TU MONEDA