Iglesia Palabra Pura
  • 8 mayo, 2026
  • Iglesia Palabra Pura
  • 0

Decidí creerle a Dios: la vida de mi madre en Sus manos

Mi nombre es Carlos Alberto Vallejo Arias, y llevo diez años congregándome en Iglesia Palabra Pura. Hoy quiero compartir un testimonio que marcó profundamente mi vida y fortaleció aún más mi fe en Dios.

Todo comenzó hace aproximadamente un mes, cuando mi madre, Amparo Arias, de 77 años, empezó a presentar fuertes dolencias en el pecho, especialmente en el lado izquierdo. Decidimos llevarla al médico, y después de varios exámenes, los resultados no fueron alentadores: tenía un problema cardíaco que debía ser evaluado por un especialista.

Cuando el cardiólogo la revisó, nos dio un diagnóstico que nos impactó: mi madre debía ser sometida a una cirugía a corazón abierto.

Fueron días difíciles. Durante una semana estuvo en exámenes constantes, preparándola para el procedimiento. Como hijo, ver a mi madre en esa condición no era fácil, pero en medio de todo, yo tenía una certeza en mi corazón: Dios estaba con nosotros.

Recuerdo claramente el día en que un médico me llamó aparte. Me llevó a una sala y me habló con mucha franqueza. Me dijo que, debido a la edad de mi madre, el riesgo era muy alto. Incluso mencionó que la mayoría de las personas mayores de 70 años no resistían ese tipo de cirugía.

En ese momento, tuve que tomar una decisión: creer en el diagnóstico o creer en la Palabra de Dios. Y yo decidí creerle a Dios. Le dije al médico: “Doctor, usted haga lo que tiene que hacer. Dios es nuestro Sanador. Jesús ya llevó nuestras enfermedades en la cruz. Yo declaro a mi madre sana en el Nombre del Señor Jesús”.

Al día siguiente, mi madre entró a cirugía. Fueron entre seis y ocho horas en el quirófano. Fueron momentos de mucha tensión, de espera, pero también de oración y confianza.

Cuando salió, fue llevada a la UCI en un estado delicado, bajo sedación. Pero algo sucedió que sorprendió a todos: aproximadamente diez horas después, comenzó a despertar. El médico intensivista nos dio el reporte y sus palabras fueron claras: la cirugía había sido un éxito. En ese momento, solo pude decir: “Dios nuestro Señor la guardó”.

Días después, mi madre fue dada de alta. Aunque presentó algunos mareos normales por el proceso, fue estabilizada rápidamente y ha seguido avanzando en su recuperación.

Hoy puedo decir con total convicción que mi madre está viva por la Gracia y el Poder de Dios. Este proceso me recordó que nuestra confianza no puede estar en un diagnóstico, sino en la Palabra. Que, aunque los médicos cumplen una función importante, la última palabra siempre la tiene Dios.

Mi madre es una mujer fuerte, y hoy sigue en recuperación, pero sobre todo, es un testimonio vivo de que Dios sigue sanando, restaurando y obrando milagros.

Si estás pasando por un momento difícil, si has recibido un diagnóstico que te llenó de temor, hoy quiero decirte: cree. Confía en Dios. Él sigue siendo nuestro Sanador.

Bendiciones, familia de fe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SELECIONA TU MONEDA