Desde las primeras décadas después de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo las Escrituras hasta ese momento, tanto Evangelios como Epístolas, ya tomaban un papel fundamental para construir los cimientos en la fe de los creyentes del primer siglo. Sin embargo, desde aquellos tiempos de igual forma que en la actualidad existen creyentes que no le han dado el peso que merece en sus vidas a la Palabra que hoy tenemos, es decir, al Consejo completo de Dios.
1 Pedro 2:19 (RVR 1960) “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”
Hoy en día seguimos encontrándonos con creyentes que, a pesar de llevar bastantes años en el caminar cristiano, su comportamiento ante las verdades de las Escrituras sigue siendo como el de un bebé espiritual, aquel que hace rabieta cada vez que la Palabra le ordena reorientar su comportamiento incorrecto, que incluso podríamos verlos entrar a las Iglesias con un biberón de leche en la boca.
Hebreos 5:11-12 (RVR 1960)“… por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.”
Una pregunta válida que nos podríamos plantear es: ¿Cuáles son las razones por las cuales a los creyentes se les dificulta tanto el desarrollo y la madurez espiritual?
En el versículo 11 encontramos la palabra “tardos” para oír, que tal vez en nuestros tiempos no tiene el impacto que el escritor de Hebreos quería transmitir. Así que vayamos a ver qué nos dice la definición Strong acerca de esta palabra. Literalmente la define como “flojos” y figuradamente como “estúpidos”, así que, digiriendo un poco estos significados, podemos ver que retratan una verdad más profunda del motivo por el cuál los cristianos no reciben las riquezas de la Palabra de Dios, y no ven crecimiento en sus vidas como creyentes.
En las culturas latinas es muy común que se dé más valor al ocio, que al esfuerzo, existe una tendencia negativa a priorizar actividades placenteras sobre las productivas, fomentando en la mente una tendencia a desear estímulos de recompensa inmediatos, y las personas creen que Dios funciona de la misma manera y que sus tiempos vagos de exposición a escuchar, estudiar o leer las Escrituras les debería retribuir inmediatamente los frutos esperados y al no ver resultados, desisten en la comunión con el Señor y sus oídos se obstruyen dando lugar a la “flojera espiritual”.
En la siguiente parte del artículo seguiremos hablando acerca de otros obstáculos que desenfocan al creyente del potencial de transformación que contiene la Palabra de Dios.

