Hemos venido reconociendo cómo se presentan algunos hábitos que afectan nuestra relación con la Palabra de Dios. Descubrimos cómo la flojera espiritual abre la puerta a algo más profundo: la ignorancia. Aprendimos que la ignorancia no es un lugar vacío; por el contrario, al alejarnos del contacto diario con las Escrituras, corremos el riesgo de que ideologías mundanas se infiltren en nuestra mente como un “caballo de Troya”.
Esta es una de las razones por las cuales el enemigo no tiene problema en vencer a muchos cristianos en momentos de crisis: porque nosotros mismos permitimos que pensamientos contrarios a nuestra fe en el Señor se instalaran en nuestro interior, y la caída termina siendo provocada desde adentro.
Una vez identificadas estas malas conductas en nuestra relación con Dios, es imperante intervenir y establecer una solución desde la raíz.
MATEO 7:24 (RVR 1960) “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca”
El mismo Jesús, a través de este versículo, nos revela una ruta a seguir para edificar una vida cristiana fortalecida. Quiero que observemos cómo Él le da prioridad al “oír”, pero inmediatamente lo vincula con el “hacer”, mostrándonos la relación tan estrecha que existe entre estas dos acciones.
Cuando las aplicamos en ese orden, obtenemos como resultado el respaldo de nuestro buen Dios, quien nos considera hombres y mujeres prudentes. Si me lo permiten, podría definir la prudencia como un fruto de la sabiduría que emana de la Palabra, la cual nos dota de una habilidad divina para afrontar cualquier situación de la vida.
Oír + hacer + ser hallado prudente = construir una vida con cimientos sobre la Roca.
Invertir esta fórmula, comenzando por edificar nuestra vida sin antes tomar en cuenta y poner en práctica lo que dicen las Escrituras, nos conduce directamente a la insensatez, tal como lo muestran los versículos consecutivos (Mateo 7:26-27).
Ser insensatos y creer que no importa qué voz escuchamos solamente puede producir un resultado: ser vencidos por las adversidades de la vida.
Hacer las palabras de Jesús es la salvaguarda segura contra el autoengaño.
SANTIAGO 1:22 (DHH) “Pero no basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se estarían engañando ustedes mismos.”
Por último, quiero dejarlos reflexionando sobre estas preguntas, para que podamos realizar un diagnóstico en nuestras vidas:
- ¿Pasamos tiempos intencionales y de calidad frente a las Escrituras?
- ¿Qué voz estamos escuchando con más frecuencia al tomar decisiones en la vida?
- ¿Qué mensaje estamos permitiendo que se instale en nuestro corazón?
- ¿Qué acciones están tomando el papel principal en nuestra vida: las que provienen del Espíritu o las de nuestras emociones y deseos de la carne?
Este diagnóstico solamente puede arrojar dos resultados: eres hallado prudente o te estás comportando como un insensato. No hay más.
¡Bendiciones!

