Vivimos en una época donde es fácil distraerse por las preocupaciones diarias, las responsabilidades, las metas personales e incluso las dificultades pueden hacer que perdamos de vista aquello que realmente importa. Por eso, como creyentes, necesitamos mantener nuestro enfoque en lo que Dios ha dicho.
La Escritura nos recuerda que no basta con escuchar la Palabra, debemos obedecerla. Dios no habla simplemente para ser oído, sino para ser obedecido, cuando entendemos esto, comenzamos a vivir con una perspectiva diferente.
Una imagen que ilustra esta verdad es la de un niño aprendiendo a montar bicicleta, mientras aprende, utiliza pequeñas ruedas de apoyo que le ayudan a mantener el equilibrio y evitar caídas; de manera similar, existen verdades espirituales que nos ayudan a permanecer firmes y enfocados en nuestro caminar con Dios.
La primera de ellas es la ETERNIDAD.
Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” JUAN 17:3(RVR). La vida eterna no es solamente una promesa futura; es una realidad presente para todo aquel que ha creído en Cristo.
Sin embargo, con frecuencia vivimos tan concentrados en lo temporal que olvidamos lo eterno, nuestros problemas, preocupaciones y desafíos ocupan toda nuestra atención, haciéndonos perder de vista la perspectiva celestial.
Por eso el apóstol Pablo escribió en 2 CORINTIOS 4:18(RVR): “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Cuando recordamos que pertenecemos a una realidad eterna, las circunstancias presentes dejan de tener la última palabra, esto fue precisamente lo que Pablo quiso transmitir a Timoteo en medio de grandes dificultades, después de exhortarlo a mantenerse firme como soldado, atleta y labrador, le recordó algo fundamental en 2 TIMOTEO 2:8 (RVR): “Acuérdate de Jesucristo… resucitado de los muertos.”
La resurrección de Cristo era el recordatorio de que existía algo más grande que las pruebas momentáneas, porque si Cristo venció la muerte, también nosotros compartimos esa esperanza eterna.
Por tal razón, mantener nuestros ojos en la eternidad nos ayuda a perseverar cuando las circunstancias son difíciles, a no rendirnos cuando los resultados tardan en llegar y a recordar que nuestra historia no termina en esta tierra.
Pero la eternidad no es la única verdad que nos ayuda a mantenernos firmes. Existe una segunda verdad que también debe permanecer delante de nuestros ojos y que tiene un impacto directo en cómo vivimos cada día.
De ella hablaremos en la próxima parte de esta serie. Bendiciones!

