Iglesia Palabra Pura

En la primera parte de esta serie vimos que una de las verdades que nos ayuda a mantenernos enfocados es la eternidad, pues recordar que pertenecemos a Cristo y que nuestra vida trasciende lo temporal nos permite enfrentar las dificultades con esperanza y perseverancia.

Pero existe una segunda verdad que también debe permanecer presente en nuestra mente, y es que DIOS ES UN DIOS DE RECOMPENSAS.

HEBREOS 11:6 (RVR) revela que “es galardonador de los que le buscan”; Esta es una realidad que muchas veces pasamos por alto porque solemos pensar en la salvación como el único aspecto importante de nuestra relación con Dios, pero la Biblia también nos enseña que nuestro Padre se deleita en recompensar la obediencia de Sus hijos.

Las recompensas existen porque Dios nos da la capacidad de elegir, cada vez que Su Palabra nos muestra un camino, tenemos la opción de obedecer o ignorar lo que Él ha dicho, y es precisamente en esa decisión donde se manifiesta nuestra confianza en Él.

Jesús enseñó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Este pasaje lo podemos encontrar en MATEO 6:33 (RVR); Observe que Él no dijo que debíamos perseguir las cosas, sino buscar primero el Reino y lo demás sería añadido por Dios.

Muchas veces el ser humano intenta obtener por sus propias fuerzas aquello que Dios desea proveer en Su tiempo. Sin darse cuenta, termina cargando pesos innecesarios y viviendo bajo presión constante. En cambio, la obediencia, nos permite descansar en la fidelidad de nuestro Padre.

ISAÍAS 1:19 (RVR) expresa esta verdad de manera sencilla: “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”. Dios observa no solamente nuestras acciones, sino también la disposición de nuestro corazón, puesto que Él busca hijos que estén dispuestos a confiar en Su dirección.

Moisés comprendió esta realidad, pues HEBREOS 11:26 (RVR) dice que soportó dificultades porque tenía “puesta la mirada en el galardón”. Su obediencia estaba motivada por la confianza en lo que Dios había prometido.

La gracia de Dios no elimina la importancia de la obediencia; por el contrario, nos capacita para vivir conforme a Su voluntad. Hemos sido justificados por Cristo, pero también hemos sido llamados a caminar en santificación, viviendo de una manera que refleje quiénes somos en Él. Por eso, cada vez que escuchamos la Palabra, debemos preguntarnos: ¿qué voy a hacer con lo que Dios me ha mostrado? No fuimos llamados solamente a escuchar, sino a obedecer.

Por lo tanto, cuando mantenemos nuestros ojos en estas dos verdades, LA ETERNIDAD Y LAS RECOMPENSAS DE DIOS, encontramos la estabilidad necesaria para permanecer firmes, avanzar en nuestro propósito y vivir una vida que honre a Cristo en todo lo que hacemos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SELECIONA TU MONEDA