Iglesia Palabra Pura
  • 21 septiembre, 2026
  • Rafael Lemes
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Vivimos en un mundo que constantemente intenta moldear nuestra manera de pensar, actuar y creer, cada día enfrentamos presiones, opiniones y circunstancias que buscan alejarnos de la verdad de Dios. Sin embargo, Jesús dejó claro que, aunque estamos en este mundo, no pertenecemos a él. En su oración al Padre declaró: “No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo” JUAN 17:16 (RVR).

Como creyentes, vivimos una tensión permanente, por un lado, estamos rodeados por una cultura que se guía por lo que ve, siente y experimenta; por otro, hemos sido llamados a vivir de acuerdo con una realidad superior revelada en la Palabra de Dios. Esa diferencia explica por qué muchas veces nuestras decisiones, valores y convicciones parecen extrañas para quienes no conocen a Cristo.

Pero Jesús no pidió que fuéramos sacados del mundo, por el contrario, pidió que fuéramos guardados en medio de él: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” JUAN 17:15 (RVR). Dios sabe que enfrentaremos desafíos, oposición y pruebas, pero también nos ha dado todo lo necesario para vivir victoriosamente, la clave para hacerlo es la fe.

La fe no es simplemente una emoción positiva ni un optimismo religioso; la fe es tomar la Palabra de Dios como verdad absoluta, sin negociar con las circunstancias, las opiniones o las experiencias, por eso la Escritura dice: “Porque por fe andamos, no por vista” 2 CORINTIOS 5:7 (RVR).

Mientras el mundo basa sus decisiones en lo que puede ver, el creyente aprende a confiar en lo que Dios ha dicho, la fe nos permite vivir desde una realidad eterna, aun cuando nuestras circunstancias temporales parezcan contradecirla.

Sin embargo, existe una verdad que no debemos ignorar, Satanás sabe el valor de nuestra fe y busca atacarla constantemente; cuando Jesús habló con Pedro, le reveló algo que ocurría en el ámbito espiritual: “Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle” LUCAS 22:31-32 (RVR).

Es interesante notar que Jesús no dijo que el enemigo estaba detrás de las posesiones, el trabajo o los recursos de Pedro, su objetivo principal era su fe. ¿Por qué? Porque la fe es el fundamento sobre el cual experimentamos las promesas de Dios, si la fe se debilita, todo lo demás comienza a tambalear.

Por eso es tan importante alimentar nuestra fe continuamente; ROMANOS 10:17(RVR) nos recuerda que “la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo”. La fe crece cuando permanecemos expuestos a la Palabra, la meditamos y la ponemos en práctica diariamente.

Además, Pedro enseña que la fe debe desarrollarse, debemos añadir a nuestra fe virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, afecto fraternal y amor, lo podemos  ver en 2 PEDRO 1:5-7 (RVR). Esta progresión nos muestra que la vida cristiana no consiste solamente en creer, sino en construir un carácter firme que refleje a Cristo en todas las áreas de nuestra vida.

Cuando vivimos de esta manera, dejamos de ser moldeados por el mundo y comenzamos a manifestar la naturaleza de Dios, nuestra fe se fortalece, nuestras convicciones permanecen firmes y nuestras vidas se convierten en un testimonio para quienes nos rodean.

Hoy más que nunca necesitamos proteger lo más valioso que hemos recibido, no permitamos que las circunstancias, las dudas o las voces equivocadas debiliten nuestra confianza en Dios. Aferrémonos a Sus promesas, permanezcamos diligentes en Su Palabra y recordemos que, aunque vivimos en este mundo, pertenecemos a otro reino y mientras nuestra fe permanezca firme, podremos caminar de victoria en victoria, experimentando todo aquello que Dios ya ha preparado para nosotros.

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