Mi nombre es Jorge Fuentes, soy miembro online de Iglesia Palabra Pura México desde el año 2021, y hoy quiero compartir cómo Dios transformó mi vida y me enseñó que el cristianismo no se trata solamente de creer en Él, sino de reflejarlo con nuestra manera de vivir.
Desde los 11 años recibí a Jesucristo como Señor y Salvador en una iglesia local a la que asistíamos como familia. Sin embargo, aunque conocía de Dios y me consideraba cristiano, con el paso de los años atravesé una etapa de rebeldía que me llevó a alejarme de la iglesia y a vivir lejos de los principios de Su Palabra. Aun así, en mi corazón seguía teniendo la convicción de que era cristiano.
Llevaba una vida que, desde afuera, parecía buena. Tenía un buen trabajo, una vida social muy activa y disfrutaba constantemente de ambientes donde el licor y la rumba eran el centro de todo. En ese tiempo también estaba en una relación de noviazgo con una mujer maravillosa, quien hoy es mi esposa. Ella era católica practicante y constantemente se preguntaba por qué muchas personas católicas vivían de una manera tan diferente a lo que ella leía en la Biblia.
Mientras ella hacía esas reflexiones, yo también comencé a notar una realidad incómoda en mi propia vida. Quería que conociera al Dios que yo decía amar, le hablaba de Él y la invitaba a la iglesia. Ella me escuchaba y me acompañaba, pero un día me dijo unas palabras que confrontaron profundamente mi corazón: “Me confundes. Tu vida no representa el cristianismo que sale de tu boca. Tu actitud, tus actividades y tu manera de vivir no reflejan al Cristo que dices amar. No veo la diferencia entre el cristianismo y el catolicismo”.
Escuchar esas palabras fue un golpe fuerte para mí. Sacudieron por completo la imagen que tenía de mí mismo y me obligaron a enfrentar una realidad que había estado ignorando durante años. La mujer que amaba no estaba viendo en mí el ejemplo que yo creía ser. Estaba viendo a una persona que hablaba de Dios, pero cuya vida mostraba algo completamente diferente.
A partir de ese momento comencé una búsqueda sincera de Dios. Quería cambiar, quería ser diferente y quería vivir de acuerdo con aquello que profesaba creer. Sin embargo, al principio no fue fácil, durante mucho tiempo intenté hacerlo en mis propias fuerzas. Aunque había dejado de hacer cosas que antes hacía, todavía tenía un pie en el mundo y otro en el cristianismo.
Fue entonces cuando entendí que el proceso de transformación duele. La carne siempre quiere regresar a lo conocido, a aquello que parece cómodo y familiar. Hubo momentos difíciles en los que pensé que no podría avanzar, pero también fueron los momentos en los que más pude experimentar la fidelidad de Dios. Él me sostuvo, me levantó cada vez que tropecé, me fortaleció y me mostró que sí era posible vivir una vida diferente.
En medio de ese proceso pude ver cumplirse en mí la promesa de 2 Corintios 5:17(RVR1960): “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
Hoy puedo darle toda la gloria a Dios porque mi vida ha sido completamente transformada. Ya no se trata solamente de decir que soy cristiano, sino de vivir el cristianismo que profeso. Dios restauró mi corazón, alineó mi vida con Su Palabra y me permitió experimentar una relación genuina con Él.
Si algo he aprendido en este camino es que Dios no busca personas perfectas, sino corazones dispuestos a rendirse a Él. Cuando permitimos que Su Palabra nos confronte y decidimos obedecerla, Él hace una obra profunda que transforma no solo nuestras acciones, sino también nuestro corazón. Hoy puedo decir con certeza que Cristo cambia vidas y que la transformación que Él comienza siempre tiene un propósito eterno.

