Mi nombre es Laura Martínez, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura, y hoy quiero compartir cómo Dios restauró mi matrimonio cuando parecía que todo había terminado.
Durante muchos años viví alejada de Dios, me sentía vacía, sin propósito y con una profunda tristeza que no lograba entender. Tiempo después conocí a quien hoy es mi esposo; iniciamos una relación de noviazgo basada en lo que habíamos aprendido del mundo y no en los principios de Dios. Sin embargo, fue en esa etapa cuando comencé a acercarme al Señor gracias a la abuelita de Daniel (mi esposo), quien me invitaba constantemente a una iglesia a la que ella asistía.
Un día decidimos ir a una reunión de parejas y nos gustó mucho. Desde entonces comenzamos a ir ocasionalmente a los servicios dominicales. Aunque escuchábamos la Palabra, la realidad era que no la estábamos aplicando a nuestra vida. Con el tiempo decidimos vivir juntos sin casarnos, y durante tres años nuestra relación estuvo marcada por constantes problemas.
Para mí el matrimonio no tenía importancia, pues mis padres se separaron cuando era una beba y fui criada por mis abuelas, por lo que nunca tuve un modelo claro de lo que significaba construir un hogar. Pensaba que daba igual estar casados o vivir en unión libre. Sin embargo, llegó un momento en que nos sentimos confrontados por nuestra situación y decidimos casarnos.
Lo que no entendíamos era que el matrimonio no solucionaría automáticamente nuestros problemas, yo incluso tenía la expectativa equivocada de que, después de casarnos, todo cambiaría para bien, pero ocurrió exactamente lo contrario. Durante nuestra luna de miel atravesé una crisis emocional muy fuerte, no podía dejar de llorar y ni siquiera sabía cómo explicar lo que me estaba pasando, aquello fue el detonante para tomar la decisión de separarnos al mes y medio de casados, aunque no podíamos explicar la razón del por qué. Durante este tiempo Daniel se acercaba cada vez más a Dios, y yo por el contrario decidí alejarme.
Tiempo después me encontraba viviendo en otro país, cuando una amiga me compartió los audios de Iglesia Palabra Pura, comencé a escucharlos y algo empezó a transformarse dentro de mí. Recuerdo especialmente una enseñanza donde la Pastora explicó que: pensar que el matrimonio solucionará todos los problemas es un error, porque en realidad solo revela aquello que está mal, cuando escuché eso entendí exactamente lo que había ocurrido en nuestra relación. Mientras tanto, Daniel y yo manteníamos una comunicación cordial, hablábamos ocasionalmente debido a una mascota que teníamos en común. Un día mientras hablábamos me contó que él estaba asistiendo a una iglesia, cuando me dijo que era Iglesia Palabra Pura me sorprendí muchísimo, porque yo también me había hecho miembro de Iglesia en casa, mientras escuchaba la escuela bíblica.
Al regresar a Colombia comencé a asistir presencialmente a la Iglesia y me encontraba con él frecuentemente, ya que él era parte de los servidores. Aunque Daniel deseaba que regresáramos, yo todavía no me sentía preparada. Con el tiempo él decidió tomar distancia porque la situación le resultaba dolorosa. Fue precisamente en ese proceso cuando Dios comenzó a trabajar profundamente en mi corazón, entendí que Él ya me había dado un esposo y un hogar, y empecé a pedirle que restaurara aquello que habíamos perdido. No quería comenzar una nueva historia con otra persona; quería ver la mano de Dios obrando en la que ya había comenzado.
Comencé a declarar la Palabra, a creerle a Dios y a permitir que Él transformara áreas de mi vida que antes no había querido enfrentar. Cuando finalmente sentí que debía hablar con Daniel, le compartí todo lo que Dios había estado haciendo en mí. Sin embargo, inicialmente me rechazó. Había sufrido mucho y necesitaba estar seguro de que las cosas realmente habían cambiado. Días después él volvió a acercarse, comenzamos a conversar nuevamente y decidimos darnos una oportunidad para reconstruir nuestra relación, esta vez sobre fundamentos diferentes, iniciamos consejerías prematrimoniales con el Pastor Rafael, algo que nunca habíamos tenido antes. Allí aprendimos principios bíblicos sobre el matrimonio, el compromiso, los roles dentro del hogar y la importancia de edificar una relación centrada en Dios, finalmente decidimos volver a casarnos.Hoy llevamos cuatro años de matrimonio y puedo decir que la diferencia ha sido enorme, aprendimos a construir nuestro hogar conforme a la Palabra de Dios, a apoyarnos mutuamente, a honrarnos y a caminar juntos en un mismo propósito. Ahora entendemos que la verdadera restauración no ocurrió cuando volvimos a estar juntos, sino cuando permitimos que Dios transformara nuestro corazón. Mirando hacia atrás, solo puedo darle la gloria a Dios, porque lo que parecía roto y sin solución fue restaurado por Su gracia, hoy disfrutamos de un matrimonio sólido y entendemos que nada de esto habría sido posible sin Él y la Palabra que hemos aprendido

