Mi nombre es Diego Londoño, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura, y hoy quiero compartir cómo Dios me sostuvo y fortaleció mi fe durante un proceso de salud que jamás imaginé enfrentar.
Todo comenzó una mañana cuando salí a trabajar como de costumbre y mientras subía una loma por la que debía pasar diariamente, sentí un fuerte dolor en el pecho. Siempre he gozado de buena salud y esta era la primera vez que experimentaba algo así, por tal razón me detuve, respiré profundamente y el dolor desapareció. Sin embargo, durante las siguientes dos semanas los episodios continuaron repitiéndose y comprendí que algo no estaba bien, así que decidí acudir al médico para realizarme varios exámenes.
Después de diferentes estudios, los resultados de sangre indicaron que había sufrido un infarto, a partir de ese momento comenzó una serie de procedimientos médicos para determinar qué estaba ocurriendo. Por tal razón, el especialista recomendó realizar un cateterismo para evaluar el estado de mi corazón y de las arterias coronarias.
Cuando me practicaron el procedimiento, los resultados mostraron dos arterias comprometidas; una con un 50% de obstrucción y otra con un 80%. Al conocer el diagnóstico, la doctora me dijo que debía ser sometido a cirugía, recuerdo que en ese momento sentí angustia porque no era la noticia que mi familia y yo esperábamos recibir. Sin embargo, fue precisamente en medio de esa situación donde decidí aferrarme más que nunca a Dios. Me refugié en Su Palabra, en Sus promesas y en la certeza de que Él tenía el control y aunque llegaban pensamientos de temor e incertidumbre, procuraba reemplazarlos con lo que Dios dice acerca de nosotros.
Ocho días después, mientras esperábamos nuevos resultados, mi hija me propuso solicitar una segunda valoración antes de tomar cualquier decisión definitiva, por lo que estuve de acuerdo y juntos iniciamos ese proceso; durante ese tiempo comenzamos a participar de la Santa Cena, a declarar diariamente la Palabra de Dios y a descansar en Su fidelidad. Uno de los versículos que más fortaleció mi corazón fue 1 PEDRO 5:7 (RVR1960): “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” Cada día entregaba mi preocupación al Señor y confiaba en que Él estaba obrando, aun cuando todavía no podía ver el resultado.
Después del segundo cateterismo, nuestra oración era que los médicos encontraran una condición diferente y que el tratamiento fuera menos invasivo de lo que inicialmente se había planteado. Finalmente llegaron los resultados y tuve una nueva cita con la cirujana cardiovascular, al revisar los exámenes, la doctora me dijo que estaba de acuerdo con el nuevo informe y que ya no sería necesaria la cirugía que inicialmente habían considerado, en su lugar, me colocarían dos stents, uno en cada arteria comprometida, para mejorar mi calidad de vida.
Para mi familia y para mí, aquella fue una gran noticia porque pudimos ver claramente la mano de Dios guiando todo el proceso. Además, durante esos meses recibí el apoyo constante del grupo de oración de Iglesia Palabra Pura y decidí rodearme únicamente de personas que hablaran fe y esperanza a mi vida.
Hoy tengo los dos stents y continúo avanzando en mi recuperación. Mirando hacia atrás, puedo reconocer que Dios estuvo presente en cada etapa, fortaleciendo mi corazón, dándome paz y enseñándome a confiar más profundamente en Él, doy gloria a Dios porque, aun en medio de la aflicción, aprendí que Su Palabra permanece firme y que podemos descansar plenamente en Su cuidado y fidelidad.

