Iglesia Palabra Pura
  • 28 agosto, 2026
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LIBRES DE DEUDAS, LIBRES PARA SERVIR A DIOS

Mi nombre es Julián Vargas, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura desde hace siete años junto a mi esposa e hijo, y hoy quiero compartir cómo Dios transformó nuestra vida financiera y nos permitió pasar de una situación de endeudamiento a una verdadera libertad.

Nací en una familia católica, temerosa de Dios, creciendo bajo los principios que tanto mi familia como la iglesia me habían enseñado. Recuerdo que mi mamá siempre me hablaba de la importancia del ahorro y cuando comencé a trabajar, procuré aplicar esos principios en mi vida, pues no era una persona que gastara el dinero en vicios o excesos; sin embargo, me gustaba ayudar a quienes me pedían dinero prestado o necesitaban apoyo económico.

Con el tiempo, aun sin necesidad, empecé a tomar decisiones que parecían normales, como comprar una moto a crédito y adquirir una obligación mensual que podía haber evitado, ya que tenía la posibilidad de pagarla de contado. Más adelante inicié una relación de noviazgo con quien hoy es mi esposa, y en mi deseo de impresionarla comencé a asumir nuevas obligaciones financieras para pagar nuestras salidas; inicialmente tenía dos tarjetas de crédito, pero poco a poco ese número fue aumentando hasta llegar a tener nueve.

La deuda ya era un hábito en mi vida, así que cuando tomé la decisión de casarme, pensé que era una buena idea solicitar un crédito considerable para amoblar nuestro hogar; sin embargo, no me daba cuenta de que cada nueva obligación nos hacía más esclavos de la deuda. En aquel tiempo mis ingresos eran buenos, especialmente por las horas extras que recibía en el trabajo, y eso me permitía cumplir con los pagos. Pero un día la empresa realizó una ampliación de sus instalaciones, debido a esto empezamos a trabajar desde casa y como era de esperarse mis ingresos disminuyeron, por lo que las deudas comenzaron a convertirse en una carga cada vez más difícil de sostener.

Llegamos a deber más de cien millones de pesos. La preocupación y la incertidumbre se volvieron parte de nuestra vida, y parecía que, por más esfuerzo que hacíamos, nunca lográbamos avanzar. En medio de esa situación, mi esposa comenzó a escuchar las enseñanzas de los Pastores Rafael y Adriana a través de una emisora. Nos llamó la atención la claridad con la que enseñaban la Palabra de Dios; anteriormente habíamos visitado otras iglesias, pero algo diferente despertó nuestro interés y decidimos asistir a Iglesia Palabra Pura.

Ese día recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador y comenzamos a congregarnos. Poco tiempo después anunciaron un seminario de finanzas; debido a mi trabajo no pude asistir, pero mi esposa participó en las clases y compartía conmigo todo lo que aprendía. Una de las enseñanzas que más impactó nuestra vida fue comprender que la deuda es una maldición y por tanto nos estaba robando la paz y limitando nuestra libertad.

Decidimos hacer cambios importantes; vendimos cosas que no necesitábamos, nos mudamos a una vivienda más pequeña, eliminamos gastos innecesarios y renunciamos temporalmente a algunas comodidades.

Inicialmente durante el seminario de finanzas, enfrenté una lucha con el principio del diezmo, porque en mi mente tenía argumentos que me hacían pensar que ese dinero podía ayudarnos a cubrir otras necesidades. Sin embargo, mi esposa permaneció firme y me recordaba que, si realmente íbamos a confiar en Dios, también debíamos honrarlo con nuestras finanzas. Decidimos obedecer y fue entonces cuando comenzamos a ver Su provisión de manera sorprendente. Mi salario aumentó, personas a quienes había prestado dinero años atrás comenzaron a devolverlo y, poco a poco, vimos la mano de Dios abriendo puertas que jamás habríamos imaginado.

Este proceso de salir de deudas nos tomó aproximadamente cuatro años y hoy podemos testificar que vivimos completamente libres de deudas. Mirando hacia atrás, entiendo mejor las palabras de JUAN 10:10 (RVR1960): “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Las deudas intentaron robarnos la paz y la tranquilidad, pero Dios nos mostró un camino diferente por medio de Su Palabra, aprendimos a administrar correctamente los recursos que Él nos da, a confiar en Su provisión y a vivir conforme a Sus principios, hoy damos toda la gloria a Dios porque no solo restauró nuestras finanzas, sino que también nos enseñó a vivir libres para servirle.

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