Mi nombre es María José Sánchez Arismendy, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura y Blaze Connection, hoy quiero compartir cómo Dios transformó mi vida cuando me encontraba en uno de los momentos más difíciles que había vivido. Durante mucho tiempo me sentí vacía, sin propósito y fuera de lugar; desde que llegamos a Pereira comencé a experimentar una profunda tristeza y aunque asistía a la iglesia junto a mis padres, realmente no entendía lo que Dios había hecho por mí. Escuchaba las enseñanzas, pero no las aplicaba a mi vida ni permitía que llegaran a mi corazón, en pocas palabras, iba porque mis padres me obligaban, ya que el no ir a la Iglesia no era negociable, si o sí debía ir, domingos, miércoles y sábado, por lo tanto, mi relación con Dios era superficial.
Con el paso del tiempo mi situación emocional empeoró, pues estaba en el proceso de ingresar a la universidad para estudiar Medicina, una carrera que siempre había soñado. Sin embargo, no fui admitida por una diferencia mínima en el puntaje; aquello me afectó profundamente y comencé a cuestionarme muchas cosas. Recuerdo acostarme por las noches preguntándole a Dios por qué estaba aquí y cuál era el propósito de mi vida, ya que, sentía que no avanzaba, que no estaba logrando nada y que simplemente existía sin una razón; en varias ocasiones pensé en quitarme la vida, aunque nunca lo intenté, pero cada día me despertaba con una profunda tristeza y sin encontrarle sentido a lo que estaba viviendo.
En medio de esa etapa llegó el Desafío de Jóvenes de Iglesia Palabra Pura; aunque en ocasiones anteriores había evitado participar, esta vez mi mamá me dijo que fuera y me inscribió, aunque no quería ir, esto no era algo negociable en mi familia. Honestamente, fui sin expectativas y sin muchas ganas de estar allí. Sin embargo, desde el primer día algo comenzó a cambiar, pues a través de las actividades, las enseñanzas y los momentos de reflexión, Dios empezó a hablar a mi corazón. La enseñanza final impactó profundamente mi vida porque entendí algo que había escuchado muchas veces, pero que nunca había comprendido realmente y era que Jesús había dado Su vida por mí y Dios tenía un propósito específico para mi vida.
También comprendí que había estado viviendo una fe superficial, ya que Dios era parte de mis domingos y miércoles, pero no de mi día a día. En consecuencia, había dejado que mis emociones gobernaran mi manera de pensar y había olvidado caminar por fe. A partir de ese momento todo comenzó a verse diferente, entendí que quizás no había ingresado a la universidad porque Dios estaba usando ese tiempo para prepararme y fortalecerme, así que me permitió reconocer que necesitaba raíces más firmes en Su Palabra antes de enfrentar nuevas responsabilidades.
Después del Desafío empecé a buscar a Dios de manera intencional; comencé a estudiar la Biblia, escuchar las enseñanzas y participar activamente en la iglesia. Cada mensaje parecía responder exactamente a las preguntas que llevaba en mi corazón. Así que Dios también hizo una obra profunda en mí al permitirme perdonar a una persona a quien le había guardado resentimiento desde mi niñez, luego poco a poco la tristeza, la frustración y el vacío fueron desapareciendo.
Hoy puedo decir que soy una persona completamente diferente, ya no me levanto sintiéndome sin propósito. Gracias al desafío y a la enseñanza de Iglesia Palabra Pura, ahora sé que Cristo murió por mí, que mi vida tiene valor y que Dios tiene un plan perfecto para mi futuro. Todavía sueño con estudiar Medicina, pero ahora entiendo que todo ocurre en el tiempo de Dios; mientras llega esa oportunidad, me estoy preparando, creciendo en Su Palabra y confiando en Su voluntad.Hoy doy gracias a Dios por todo lo que ha hecho en mi vida y puedo decir que aquel desafío marcó un antes y un después en mi vida, pues Dios transformó mi manera de pensar, llenó el vacío que había en mi corazón, me dio propósito y me mostró que la verdadera plenitud sólo se encuentra en Él.


Gracias por compartir este testimonio. Y por la insistencia de tus padres nunca desmayaron