Mi nombre es Martha Menjura, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura, y hoy quiero compartir cómo Dios nos guió a ejercer nuestra autoridad como padres y cómo Su Palabra protegió la vida de nuestra hija.
Todo comenzó cuando nuestra hija María José tenía 13 años, nosotros como padres queríamos que practicara alguna actividad deportiva, así que decidimos inscribirla en una escuela de fútbol; al principio todo parecía normal, pero con el tiempo empecé a notar comportamientos que me generaban preocupación en la relación que tenía con una de sus compañeras del equipo.
Inicialmente hice algunas observaciones a mi hija sobre ciertas actitudes que consideraba inapropiadas, pero un día ocurrió algo que confirmó mis inquietudes, ya que, al revisar su Tablet, encontré conversaciones con otra niña del equipo. Al leer los mensajes entendí que no se trataba de una amistad normal, sino de una relación que estaba avanzando hacia algo diferente.
Mi esposo y yo decidimos actuar de inmediato y fuimos a hablar con los padres de la otra niña con la esperanza de encontrar apoyo para corregir la situación. Sin embargo, cuando expusimos nuestra preocupación, la respuesta de la mamá fue que aquello era completamente normal y que apoyaba la decisión de su hija. Salimos de esa conversación entendiendo que no podíamos tomar decisiones por otra familia, pero sí teníamos la responsabilidad de actuar por nuestra hija, por esa razón tomamos medidas que para ella fueron difíciles de entender en ese momento, pues la retiramos de la escuela de fútbol, le quitamos la tablet y cortamos toda comunicación con esa amistad.
Nuestra hija se molestó mucho y nos insistía constantemente que la dejáramos regresar, pero nosotros sabíamos que no podíamos ceder ante esa petición. Gracias a la enseñanza que habíamos recibido en Iglesia Palabra Pura entendíamos que Dios nos había dado autoridad y responsabilidad sobre la formación de nuestros hijos; sabíamos que, si ignorábamos la situación, más adelante podríamos enfrentar consecuencias mucho más difíciles y durante ese tiempo recordábamos constantemente lo que dice PROVERBIOS 13:24 (NVI): “El que no disciplina a sus hijos no los ama; el que los ama, los corrige a tiempo”.
Comprendimos que el verdadero amor no consiste en permitir cualquier cosa para evitar conflictos, sino que también corrige, guía y establece límites cuando es necesario, y aunque
al principio María José no entendía nuestras decisiones, con el paso del tiempo algo comenzó a cambiar, pues, aunque asistía a la iglesia sin mucho interés, la enseñanza constante de la Palabra empezó a transformar su manera de pensar y poco a poco Dios fue quitando el velo de sus ojos y ella comenzó a reconocer que el camino que estaban tomando algunas de sus antiguas compañeras no era el que Dios había diseñado para su vida.
Con el tiempo pudo comprender por qué habíamos actuado de esa manera y empezó a valorar las decisiones que tomamos como padres. Hoy puedo decir que Dios fue fiel y que nuestra hija ama al Señor, sirve en la iglesia y ha desarrollado una relación personal con Él.Como padres debemos tener claro que nuestros hijos necesitan dirección, corrección y límites, por lo tanto, no podemos delegar esa responsabilidad ni dejar que sean ellos quienes definan solos el rumbo de sus vidas, pues Dios nos llamó a guiarlos con amor y conforme a Su Palabra. Doy gracias a Dios porque nos dio la firmeza para actuar cuando era necesario y porque pudimos ver el fruto de obedecer Sus principios y lo que en un momento pareció una decisión difícil terminó siendo una muestra del amor y cuidado de Dios por nuestra hija.

