Iglesia Palabra Pura
  • 18 septiembre, 2026
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UN DIAGNÓSTICO NO TUVO LA ÚLTIMA PALABRA

Mi nombre es Zoe Morales, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura y actualmente dirijo el departamento de Evangelismo. Hoy quiero compartir con ustedes un testimonio de sanidad relacionado con mi hija y mi nieta Luna.

Cuando mi hija quedó embarazada de su segunda hija, Luna, debía realizarse un examen médico y como ese día su esposo no podía acompañarla, me pidió que estuviera con ella, hoy puedo decir que Dios es maravilloso porque Él conoce todas las cosas y sabe por qué nos coloca en determinados momentos y lugares, después entendí por qué debía estar allí con mi hija.

Mientras ella estaba en su cita médica de control, yo la esperaba afuera y cuando salió, venía llorando y me dijo: “Mami, me dieron un muy mal diagnóstico”, naturalmente me asusté, la doctora le había informado que tenía toxoplasmosis, una infección que durante el embarazo puede representar riesgos para el bebé, y le explicó que la niña podía presentar diferentes complicaciones, por lo que aquello sonaba realmente terrible.

En ese momento me empoderé como mamá y lo primero que le dije fue: “Hija, esto no puede salir de nosotras dos, aquí se debe quedar”, incluso le dije que no se lo contara a su esposo, porque él podía comentarlo con su mamá y otros familiares que, al no conocer lo que nosotros habíamos aprendido, podían comenzar a hablar y declarar cosas contrarias a la Palabra de Dios sobre la niña.

Le dije: “Vamos a actuar conforme a lo que hemos aprendido en Iglesia Palabra Pura, vamos a pelear la buena batalla de la fe, vamos a orar y a cancelar este diagnóstico, y de ahí no nos vamos a mover”. A veces mi hija me llamaba porque sentía temor y yo la regañaba, aunque a mi mente también podían llegar pensamientos contrarios, decidí no declararlos, sino hablar sanidad y confiar en Dios.

Recuerdo especialmente el día en que mi hija iba a dar a luz, me fui al baño de la clínica, me arrodillé y oré diciendo: “Señor, yo sé en quién he confiado y sé que esta niña viene bien, completamente sana”. Finalmente, Luna nació bien y completamente sana, y lo único que pude hacer fue darle toda la gloria a Dios porque Él es un Dios maravilloso.

Al salir de la clínica, le enviaron a mi nieta doce cajas de medicamentos para prevenir posibles problemas de salud, mi hija me las entregó y me dijo: “Mami, guárdelas”, yo las recibí y las boté porque nosotros habíamos decidido confiar en Dios.

Hoy para la gloria de Dios, Luna es una niña completamente sana, por eso debemos permanecer firmes en la fe y confiar en Dios por encima de cualquier diagnóstico o circunstancia.

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