Mi nombre es Yurani Salazar, soy miembro presencial de Iglesia Palabra Pura desde hace seis años, y hoy quiero compartir cómo Dios fortaleció mi fe y me permitió experimentar Su fidelidad en medio de una dificultad de salud.
Siempre he sido una mujer muy saludable, nunca había tenido una hospitalización, ni una cirugía, y siempre he gozado de una buena salud. Sin embargo, el año pasado comencé a experimentar unos mareos que me parecieron extraños. Pensé que podía tratarse de algo relacionado con el hígado o el colesterol, así que decidí consultar al médico. Después de realizarme algunos exámenes para revisar como estaba mi hígado, me ordenaron una ecografía abdominal para revisar con mayor detalle lo que estaba sucediendo.
Durante la ecografía ocurrió algo inesperado, pues el radiólogo comenzó a revisar no solamente el hígado, sino también otros órganos, y al intentar observar el riñón izquierdo encontró una masa; inmediatamente me remitieron al urólogo para iniciar nuevos estudios y determinar qué estaba ocurriendo. Aunque en ese momento sentí temor, gracias a Dios la Palabra estaba sembrada en mi y recuerdo haber dicho: “Señor, yo sé que soy sana, por Tus llagas he sido sanada y confío en Tu Palabra porque es verdad”.
A partir de ese momento comenzó un proceso de citas al urólogo y exámenes. Debo reconocer que, aunque llevaba años escuchando enseñanzas sobre sanidad, me di cuenta de que no estaba muy fortalecida, pues había profundizado más en otras áreas de mi vida, ya que era primera vez que pasaba por algo así, por lo tanto, nunca había sido intencional en estudiar con mayor detenimiento todo lo que Cristo ganó para nosotros en la cruz respecto a la sanidad. El diagnóstico me mostró que necesitaba conocer más profundamente esa verdad y apropiarme de ella.
Durante esos días empecé a buscar al Señor con más intensidad y también le pedía al Espíritu Santo que me guiara y me fortaleciera. Un día Mientras leía la Biblia encontré la oración de Pablo en Efesios 1:15-23, al leerla sentí que Dios estaba abriendo mis ojos para comprender el poder que ya había depositado en nosotros como creyentes. Esa Palabra produjo en mí una convicción mucho más fuerte y me ayudó a enfrentar el proceso con una perspectiva diferente.
También fue muy especial para mí cuando en la iglesia se lanzó la canción La grandeza de Tu poder, lo sentí como una confirmación de parte de Dios, ya que estaba basada precisamente en esos versículos en los que había estado meditando. La cantaba constantemente, la oraba y la convertí en una declaración de fe. Además, comencé a ayunar, a participar de la Santa Cena, a declarar la Palabra y a estudiar libros relacionados con sanidad. Cada una de estas herramientas fortaleció mi corazón y me ayudó a permanecer firme. Después de todos los estudios, el urólogo confirmó que la masa era grande, en ese momento me explicó que probablemente sería necesario extraer el riñón izquierdo y me remitió a cirugía. Naturalmente, aquello no era lo que yo quería escuchar, por tal razón, mi oración seguía siendo la misma: “Señor, Tú me diste ese riñón y yo creo en Tu poder”. Sin embargo, también entendí que debía confiar en Dios durante todo el proceso.
Durante esta etapa le conté a pocas personas de mi familia principalmente a los que asistían a Iglesia Palabra Pura porque sabía que estaban alineados con la misma enseñanza y son fuertes en la fe; también recibí apoyo de varias personas de la Iglesia, estuvieron orando por mí, nunca me sentí sola. Desde el principio procuré rodearme de personas que hablaran fe y estuvieran de acuerdo con la Palabra de Dios. Eso fue de gran ayuda en momentos donde el temor intentaba aparecer.
Antes de conocer al Señor había sido una persona muy nerviosa y temerosa, pero cuando llegó el día de la cirugía experimenté una paz que no puedo explicar, ese día estaba muy tranquila. Entré al procedimiento confiando en que Dios estaba conmigo. Finalmente tuvieron que realizar la nefrectomía, es decir, extraer el riñón izquierdo, pero para la gloria de Dios la cirugía fue exitosa y mi recuperación fue muy buena. En todo esto, puedo ver claramente la mano de Dios en cada detalle y guiando cada paso; desde el médico que ordenó los exámenes correctos y oportunos, hasta el radiólogo que decidió revisar todos los órganos y permitió detectar el problema a tiempo.
Posteriormente llegaron los resultados de patología y confirmaron que se trataba de un tumor maligno y que debía tener una cita con oncología para definir el tratamiento, yo inmediatamente dije: no, yo ya he sido completamente sana, yo no necesito ningún tratamiento adicional. Más adelante, durante la valoración con la oncóloga, encontramos algo inesperado; los resultados mostraban que el tumor era menos agresivo de lo que inicialmente habían informado y las noticias fueron mucho más favorables de lo que habíamos esperado. Recuerdo que mi esposo y yo nos tomamos de la mano y lloramos de gratitud al ver nuevamente la fidelidad de Dios. Finalmente, tuve que hacerme unos exámenes adicionales y la doctora al revisar los resultados me felicitó, me dijo te veo muy bien, estás limpia.
Hoy puedo decir que Dios ha sido bueno, estoy sana y profundamente agradecida con el Señor, pues pude comprobar que Su Palabra es medicina, fortaleza y paz en medio de cualquier circunstancia.

