Iglesia Palabra Pura
  • 6 noviembre, 2026
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CUANDO LA FE TE LLEVA MÁS LEJOS DE LO QUE IMAGINABAS

Mi nombre es Diana Taborda, soy miembro presencial de Iglesia en Casa Palabra Pura México, y hoy quiero compartir cómo Dios transformó mi manera de pensar, renovó mi fe y me permitió ver el cumplimiento de un sueño que parecía mucho más grande de lo que yo podía alcanzar por mis propias fuerzas.

A principios del año 2025 terminé mi carrera profesional. Después de varios años de estudio, esfuerzo y dedicación, sentía que necesitaba esperar un tiempo y talvez más adelante continuar mi formación académica. Siempre me ha gustado estudiar, pero la universidad había demandado gran parte de mi tiempo y en ese momento quería poner todo mi enfoque en mi trabajo. Por ese mismo tiempo, mi esposo conservaba un sueño que había nacido en su corazón después de viajar a México en el año 2023, desde entonces hablaba con frecuencia de la posibilidad de que algún día pudiéramos establecernos allí. Durante varios años surgieron algunas oportunidades para él, pero yo todavía estaba terminando mi carrera y trabajando, así que, aunque compartía su visión y deseaba apoyarlo, entendíamos que aún no era el momento adecuado.

A finales del año 2025 volvimos a conversar sobre ese propósito y decidimos orar, poner nuestros planes en las manos de Dios y comenzar a caminar en esa dirección. Fue entonces cuando durante el primer trimestre del año 2026 tomamos la decisión de irnos a vivir a México; sin embargo, cómo nos enseñaron nuestros Pastores y de acuerdo a la Palabra, queríamos hacerlo de manera 100% legal, por lo que empezamos a planificar, tener asesorías legales y a buscar el mejor camino para hacerlo.

Durante este tiempo viví un proceso muy especial, comencé a acercarme más a Dios, a llenarme de Su Palabra y a recordar que Sus planes para nosotros son planes de bien y no de mal, para darnos un futuro y una esperanza; también leí el libro La Cuarta Dimensión del pastor David Yonggi Cho, el cuál impactó profundamente mi vida y me ayudó a fortalecer mi fe y poner en práctica varios principios. Oraba y visualizaba todos los días el cumplimiento de nuestro propósito y daba gracias a Dios.

En todo ese proceso hubo retrasos, obstáculos, pero nosotros seguíamos dando pasos de fe.  Fue entonces cuando nació el deseo en mi corazón de estudiar una maestría en México. Estuve viendo varias opciones e inicié procesos de postulación para ser aceptada en alguna universidad; una vez tuve carta de aceptación de una de ellas, inicié el proceso de solicitud de visado de estudios con el Consulado de México en Colombia. Todo parecía ir muy bien, sin embargo, tan solo a 8 días para presentarme en la cita en el Consulado, éste me envió un correo indicando que la carta de aceptación estaba incompleta y que además debía entregar un requisito adicional que en ese momento no era posible para mí cumplir, lo cual retrasaría un poco nuestros planes. Ese resto de día tuve cierta frustración porque vi un gran obstáculo en nuestro proceso, pero seguía confiando en Dios.

Esa misma noche, mientras estaba en el computador, me encontré con una información que llamó mucho mi atención, pues una gran oportunidad estaba frente a mí, se trataba de una convocatoria de becas de excelencia académica otorgada por el gobierno mexicano a extranjeros. Al revisar las condiciones quedé sorprendida; pues incluía la posibilidad de cursar una maestría completa en una universidad mexicana, además de manutención, seguro médico, facilidad en el trámite de visa y otros beneficios. Naturalmente pensé en la cantidad de personas que podrían postularse y de la alta exigencia, pero también entendí que las oportunidades que Dios pone delante de nosotros merecen una respuesta de fe, así que oré y le dije al Señor: “Si esta puerta la has puesto delante de mí, haré mi parte, daré los pasos de fe y confiaré en Ti para el resultado”.

Como ya había adelantado muchos trámites y contactos con universidades, pude reunir en tan solo siete días, toda la documentación solicitada; pero uno de los requisitos más importantes y determinantes, era obtener una carta de admisión de una universidad incluida en el listado de la convocatoria, y la que tenía antes no aplicaba; por lo que presenté exámenes, completé procesos hasta que finalmente recibí la carta de aceptación que necesitaba de otra universidad. De inmediato, realicé la postulación para la beca y ahí comenzó la etapa más desafiante, porque esto era algo que en mis fuerzas no podía controlar, pero sabía, sentía y veía que Dios había tomado el control de la situación.

Debía esperar aproximadamente veinte días para conocer los resultados y aunque dentro de mí tenía una gran convicción de que Dios estaba obrando, constantemente llegaban pensamientos negativos que intentaban producir duda e incertidumbre, pero sabía por la enseñanza de la Iglesia, el poder de nuestras palabras, así que nunca le di vida con mi boca a esos pensamientos, y en su lugar recordaba y declaraba MARCOS 9:23 (RVR1960): “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Ese versículo se convirtió en un ancla para mi corazón; lo meditaba, lo declaraba y decidía creerlo aun cuando no veía ninguna respuesta.

Mientras esperábamos los resultados, sin tener una prueba o certeza física, mi esposo y yo seguimos avanzando en fe. Continuábamos preparando nuestro viaje a México, vendimos nuestras pertenencias, entregamos el apartamento en el que estábamos viviendo y hablábamos como si ya tuviéramos el resultado esperado. A medida que se acercaba la fecha límite para recibir una respuesta, la ansiedad intentaba aparecer, pero una y otra vez elegíamos confiar en la fidelidad de Dios. Finalmente, cuando faltaban apenas dos días para que terminara el plazo de notificación, recibí un correo electrónico que jamás olvidaré. Al abrirlo descubrí que había sido seleccionada y que la beca me había sido otorgada, fue un momento profundamente emocionante. Más adelante supe que cerca de dos mil personas se habían presentado a la convocatoria, pero solo por la gracia y el favor de Dios, mi nombre había sido escogido entre 40 personas.

Hoy vivo en Ciudad de México junto a mi esposo y nuestra perrita, cursando una maestría en una de las mejores universidades del país y siendo parte de IPP México, una hermosa familia de fe que nos ha recibido con mucho amor. Al mirar hacia atrás, puedo ver la fidelidad de Dios en cada etapa de este proceso; pues no solo abrió una puerta académica, sino que también fortaleció mi fe y me enseñó a confiar plenamente en Sus promesas. Doy toda la gloria a Dios por esta oportunidad, porque he comprobado que cuando renovamos nuestra mente con Su Palabra y damos pasos de fe, Él puede llevarnos mucho más lejos de lo que alguna vez imaginamos.

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