Iglesia Palabra Pura
  • 29 mayo, 2026
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Dios nos protegió de una explosión

Soy Flavie Françoise Manceau, miembro de este Ministerio, desde que se estableció Iglesia Palabra Pura en la ciudad de Pereira (Colombia). Hoy quiero compartirles un poderoso testimonio sobre la protección y el cuidado de Dios en mi vida y en mi hogar:

Hace unas semanas realizaron la inspección del gas en la casa donde vivo, algo común y obligatorio cada cierto tiempo. Normalmente, en ese tipo de revisiones yo no estoy en casa porque trabajo dando clases. Sin embargo, ese día, por alguna razón, sí estuve allí para recibir a la persona enviada por la empresa de gas.

Para mi sorpresa, quien llegó a hacer la inspección fue uno de mis estudiantes. Los dos nos sorprendimos muchísimo al vernos en un escenario tan diferente. Él comenzó a revisar todo normalmente y me dio tranquilidad respecto al estado del gas en mi apartamento. Pero después me comentó algo que llamó mi atención: había una posible fuga de gas en el apartamento de arriba. La manera tan tranquila en que me lo dijo hizo que no lo tomara como algo urgente. Simplemente pensé que la persona que vivía arriba se encargaría de resolverlo.

Pasaron un par de días y me parecía extraño que mi vecina de arriba no mencionara nada sobre el tema, especialmente porque solemos conversar con frecuencia. Yo pensaba: “Qué raro que no me haya dicho nada”.

Aproximadamente cinco días después de enterarme de la posible fuga, mientras subía las escaleras del edificio, sentí un leve olor a gas. Era algo muy tenue, nada exagerado, pero inmediatamente pensé que tal vez el problema aún no había sido solucionado.

Con el paso de las horas empecé a percibir ese olor con más frecuencia y un poco más fuerte. Fue entonces cuando dentro de mí se encendió una alarma. En ese momento recordé algo que había enseñado la Pastora Adriana en un Blaze News: cómo muchas veces comenzamos a sentir cierta incomodidad o inquietud interior porque Dios nos está alertando sobre algo, y cómo debemos aprender a prestar atención a esos avisos.

Decidí no ignorar ese sentir. Fui directamente donde mi vecina y le hablé del tema. Le dije que me habían informado sobre una posible fuga en su apartamento y que yo estaba percibiendo el olor cada vez más fuerte. Le pregunté si ya habían solucionado la situación.

Ella, muy tranquila, me respondió que no debía preocuparme porque la fuga no venía de su apartamento, sino de la panadería ubicada al lado del edificio. Pero cuando me dijo eso, sentí dentro de mí que algo no estaba bien. Aunque sus palabras intentaban tranquilizarme, la alerta en mi corazón seguía muy fuerte. Yo pensaba: “No, esto no está normal. Aquí hay algo raro”.

Sentí claramente que debía insistir. Hablé con mi esposo sobre todo lo que estaba pasando y sobre esa inquietud tan fuerte que seguía sintiendo. Entonces él decidió llamar nuevamente a la empresa de gas para pedir otra revisión.

Gracias a la insistencia, finalmente volvieron a inspeccionar el lugar. Y fue ahí cuando uno de los empleados nos dijo algo impactante. Parafraseando sus palabras, nos dijo: “Gracias por avisar, porque esto estaba listo para explotar. No hay una sola fuga; hay tres fugas conectadas con todo el edificio”.

Inmediatamente cerraron el suministro de gas y activaron todos los protocolos necesarios para detener las fugas.

Después nos enteramos de que el problema no estaba relacionado con la panadería, sino con los apartamentos del edificio. Si la situación hubiera continuado así, podría haber ocurrido una explosión muy grave donde vivimos muchas familias.

Al comprender la magnitud de lo sucedido, seguí investigando un poco más y descubrí que mi vecina simplemente estaba repitiendo lo que la dueña del edificio le había dicho. La dueña sabía de la situación, pero estaba ocultándola para evitar asumir el costo de la reparación.

Por eso estoy completamente convencida de que fue el Espíritu Santo quien me alertó y me guió durante todo ese proceso. Estoy segura de que Dios nos guardó de una tragedia.

Y al analizar todo lo ocurrido, veo la mano de Dios incluso en los pequeños detalles. Él permitió que justamente la persona enviada a revisar el gas fuera uno de mis estudiantes, porque eso hizo que él tuviera la confianza de comentarme lo que estaba ocurriendo arriba de mi apartamento. Muy probablemente otra persona no me habría dicho nada. Y que a partir de allí yo empezara a investigar a sentir esa alerta constante.

Estoy profundamente agradecida con Dios por Su cuidado y protección. Cada año mi esposo y yo ungimos nuestra casa con el Aceite de la Unción en todas las áreas, incluyendo el techo y el piso, y cada noche leemos el Salmo 91. Una vez más pudimos ver cómo la protección de Dios estuvo sobre nuestra vida y también sobre todas las familias que viven en el edificio.

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