Iglesia Palabra Pura

MATEO 11:2-3 (RVR) “Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”

Juan el Bautista, fue el Profeta de Dios encargado de prepararle el camino al Señor Jesucristo en la tierra. El Espíritu Santo lo inspiraba poderosamente para predicar a las multitudes Judías el arrepentimiento genuino y la conversión a Dios, y lo hacía de forma valiente, sin temer incluso a confrontar el pecado del mismo Herodes Antipas, el Tetrarca (Gobernador) de Galilea:

MATEO 14:4 (RVR) “… Juan le decía: No te es lícito tenerla”

“Le decía” nos indica que no fue una sola vez la que Juan el Bautista confrontó de forma valiente y firme a Herodes Antipas, aun sabiendo que su vida corría riesgo al hacerlo. Y efectivamente, tiempo después, este Herodes Antipas arrestó a Juan el Bautista, y aunque no se sabe cuánto tiempo llevaba él en la cárcel para el momento en el que envió a sus dos discípulos a Jesús, su pregunta revelaba que el ánimo del Profeta había decaído.

Juan el Bautista, quien recibió por revelación divina que Jesús era el Mesías Prometido, el Cristo encarnado, estaba confundido respecto a si lo que Profetizó sí fue totalmente alineado a la Palabra de Dios, o si él había malinterpretado de alguna manera quién era Jesús.

Juan el Bautista realmente quería una confirmación de parte de Jesús. Podemos deducir que su confusión provino de que él probablemente esperaba como muchos otros Maestros de la época, que el Mesías viniera para traer la liberación política de Israel, para salir de una vez por todas del yugo de Roma; sin embargo, el Ministerio de Jesús en la tierra no estuvo concentrado allí, sino en unos planes más superiores que salir del yugo de Roma, estuvo concentrado en traer la liberación a la humanidad del yugo de Satanás.

No obstante, Jesús no criticó al Profeta Juan por su pregunta, pero tampoco le mandó inmediatamente una respuesta directa. Veamos qué hizo:

LUCAS 7:21 (RVR) “En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista”

Lo primero que podemos notar de Jesús, es que Él no tiene problemas de ego, como para ofenderse de que Juan dudara sobre Su llamado. Jesús realmente quería ayudar a Juan a salir de su duda y desánimo. Pero Jesús sabía que lo que necesitaba Juan no era que Él les dijera a sus discípulos “Sí, díganle a Juan que yo soy el Mesías Prometido”. No, ya que Juan necesitaba una respuesta que lo hiciera volver en sí de su duda y no volver más allí, y por eso intencionalmente Jesús no se apresuró a hablarles a los enviados por Juan, sino que delante de ellos pasó mucho tiempo sanando a los que tenían enfermedades y plagas, echando fuera demonios y haciendo milagros. Para luego decirles a los dos enviados que regresaran a Juan con este mensaje:

LUCAS 7:22-23 (RVR) “… Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí

¿Y esa respuesta era suficiente para Juan el Bautista? Sí, porque Jesús descargó la respuesta en la Palabra de Dios. Juan el Bautista conocía las Escrituras, y él sabía lo que el Profeta Isaías había profetizado del Mesías:

ISAÍAS 29:18-19 (RVR) “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas. Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel”

ISAÍAS 35:2-6 (RVR) “Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad”

ISAÍAS 61:1-2 (RVR) “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados”

Así que es evidente que Jesús buscaba que Juan fuera consolado, animado y avivado por medio de la Palabra de Dios, por eso se encargó de llevarlo a las Escrituras y poner nuevamente su confianza absolutamente en estas. Por eso le manda a decir a Juan que él era bienaventurado si no hallaba tropiezo en Él, que lo que significaba es que Juan se mantendría firme si no ponía su mirada en sus sentimientos y pensamientos sobre la forma en cómo para él debía actuar Jesús, respecto a la liberación de Israel, y por el contrario se enfocara en todos los frutos que estaba viendo en Jesús totalmente alineados a lo que Dios ya había dicho en Su Palabra sobre el Mesías.

Jesús no enfatizó en los sentimientos de Juan el Bautista, tampoco le dijo que le mandaba un fuerte abrazo y que esperaba visitarlo pronto; Jesús sólo se enfocó en ayudar a Juan a través de todo lo que necesitaba, una confirmación por medio de las Escrituras.

Podemos saber que Juan el Bautista luego de escuchar lo que Jesús les había dicho a Sus discípulos sobre el cumplimiento de la Palabra, no tuvo duda alguna sobre que Jesús era el Mesías Prometido, y que esa verdad lo mantuvo firme hasta morir decapitado. Lo podemos intuir, porque la Palabra nos asegura que uno de esos dos discípulos enviados por Juan, luego se puso bajo la enseñanza de Jesús junto a su hermano, y terminó siendo (al igual que su hermano) uno de los doce Apóstoles escogidos por Jesús, me refiero al Apóstol Andrés.

JUAN 1:40-41 (RVR) “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús”

Ahora, ¿qué podemos aprender sobre esta experiencia de Juan el Bautista y la respuesta de Jesús? Que todo lo que necesitamos para mantenernos firmes y en avance es la Palabra de Dios. Si tan sólo tomáramos siempre la Palabra por lo que es, la absoluta verdad y el ancla de nuestra vida, veríamos más frecuentemente la manifestación de las Promesas de Dios. Sin embargo, la mayoría de cristianos no están interesados en sí en aferrarse a la Palabra, sino en compartir cuál es su emoción respecto a cualquier situación. Están más interesados en que alguien les escuche y describir cómo se sienten respecto a aquello que reta su fe, que a que alguien les recuerde porque pueden seguir firmes pese a lo que reta su fe.

Si se sienten identificados en algún momento respecto al sentimiento de Juan el Bautista, donde pasa por sus mentes dudas respecto a si Dios está con ustedes, si Dios sí podrá sanar algún diagnóstico, si Dios podrá sanar cualquier trauma del pasado o cualquier otro tema, recuerden que como Juan el Bautista, ustedes, más que ser escuchados sobre sus sentimientos, necesitan ser llevados a la Palabra, para que en la misma Palabra encuentren todo lo que necesitan para mantenerse firmes y victoriosos. Pongan siempre por encima de sus sentimientos la Palabra de Dios.

4 comments on “LA PALABRA DE DIOS POR ENCIMA DE LOS SENTIMIENTOS

  1. Amén, Que el señor me de sabiduría y entendimiento. Me queda súper Claro que mi fuente de vida, mi manual de instruccion es la palabra de Dios y el ponerla por obra.

  2. Muchas gracias pastor siempre tube esas preguntas en mi corazón y ya entendí
    Gracias a Dios por pastores como ustedes
    Siempre nos enseñan ..

  3. “Pongan siempre por encima de sus sentimientos la Palabra de Dios”. Me parece un principio acertado para determinar siempre estar anclados en las Escrituras y oír la voz de Dios, a través de su Palabra. La Palabra es antorcha que alumbra nuestra oscuridad y la verdad frente a nuestras dudas. Bendiciones pastor Rafael

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