
PASÉ DE CONFORMARME, A CREERLE A DIOS POR TODO
Mi nombre es Daniel Bernal, junto a mi esposa e hijas asistimos a Iglesia Palabra Pura como parte de sus miembros. Hace un tiempo sufrí un accidente doméstico, algo aparentemente sencillo: un resbalón en las escaleras de mi casa. En ese momento no pensé que fuera grave. Me dolía, claro, pero asumí que era una lesión leve. Lo que no sabía es que mi rodilla había quedado completamente destruida y que, según los exámenes médicos, requería una reconstrucción total.
Cuando escuché eso, me impactó profundamente. No hablaban de una lesión parcial ni de una cirugía menor. Literalmente, los médicos dijeron que mi rodilla estaba para reconstrucción completa. Fui diagnosticado con una ruptura completa del ligamento cruzado anterior y una posible lesión de menisco.
Lo único que yo oraba en ese momento era: “Señor, que al menos no me duela”. Esa era mi meta: no sentir dolor. Estaba limitado físicamente, no podía hacer movimientos básicos ni apoyar la pierna. Pero dentro de todo, tenía paz, y eso era algo que solo el Espíritu de Dios me podía dar.
No sabía que podía creer por algo más. Gracias a Dios tengo mi propia empresa como corredor de seguros, lo que me permitió seguir trabajando desde casa durante mi recuperación. Pero después de varias semanas sin poder ir a la Iglesia, sentí en mi corazón que tenía que volver, aunque fuera en muletas. Me sentaba en la parte de atrás, cojeando, pero con una convicción: no quería dejar de congregarme.
Fue entonces cuando Dios usó a Simón Díaz, un servidor de la Iglesia, para animarme. Me regaló el libro “Dios quiere que esté sano” del Reverendo Andrew Wommack. Desde el primer momento que lo recibí, supe que Dios me estaba hablando. Ese libro cambió mi enfoque completamente. Me hizo entender que el sacrificio de Jesús en la cruz no fue solo para el perdón de mis pecados, sino también para mi sanidad física. Y que no debía conformarme con solo no tener dolor, sino que podía creer por una restauración total.
Empecé a declarar la Palabra con fe. Escuchaba las Confesiones de Sanidad de la Pastora Adriana y cada frase cobraba vida. Cuando decía: “Le hablo a mis tuétanos y a mis coyunturas”, yo lo tomaba para mí: ¡Sí, mis tuétanos, mis coyunturas, mi rodilla están siendo restaurados completamente!.
Yo entendí que me había conformado con “no tener dolor”, cuando podía creer por la restauración total de mi rodilla. Me levanté con una nueva fe. Empecé a declarar con autoridad y determinación. Los audios de la pastora, que antes solo escuchaba, ahora los entendía. Cuando ella decía: “le hablo a mis tuétanos y a mis coyunturas”, yo lo hacía mío. Empecé a declarar sobre mis ligamentos, meniscos, huesos. Todo mi cuerpo empezó a alinearse a esa Palabra.
Yo creí que mi rodilla sería restaurada por completo. No por emoción, sino por convicción de lo que la Palabra de Dios dice. Cada día iba viendo resultados. No fue magia, fue fe. Fue permanecer creyendo, actuando, confesando, obedeciendo.
Hoy puedo testificar que Dios sanó mi rodilla por completo, sin cirugía. Estoy de pie, camino con normalidad, y más importante aún, estoy firme en la convicción de que Su Palabra es verdad. La sanidad no es solo posible, es parte de nuestra herencia como hijos. Y eso no lo supe por libros, lo viví.
Le doy la gloria a Dios porque no solo restauró mi cuerpo, sino mi fe. Porque me enseñó que Su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta… y eso incluye vivir en salud.
Hoy, mi testimonio es para inspirar a aquellos que quizás están pasando por una situación similar, creyendo por tu sanidad o la de un ser querido. Crean, no se conformen. No se acomoden al dolor ni a la enfermedad. Crean por todo lo que Cristo ganó en la cruz. Porque Dios quiere que estemos sanos.